Evangelio del día
Evangelio del Sábado 12 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 10, 14-22
Queridos hermanos:
Huyan de la idolatría. Les hablo como a personas sensatas; juzguen ustedes mismos lo que digo. El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque, aunque somos muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un mismo pan.
Miren al Israel según la carne: los que comen de las víctimas, ¿no entran en comunión con el altar? ¿Qué quiero decir? ¿Que lo sacrificado a los ídolos vale algo, o que un ídolo vale algo? No; digo que lo que sacrifican los paganos lo sacrifican a los demonios y no a Dios; y no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios.
No pueden beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios; no pueden participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que vamos a provocar los celos del Señor? ¿Acaso somos más fuertes que él?
Palabra de Dios.
— Salmo 115 —
R. Ofreceré al Señor un sacrificio de alabanza.
¿Con qué le pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Tomaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.
R. Ofreceré al Señor un sacrificio de alabanza.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo.
R. Ofreceré al Señor un sacrificio de alabanza.
— Evangelio —
Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni se cortan uvas de las zarzas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca el bien; y el malo, del mal tesoro saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llaman “Señor, Señor” y no hacen lo que digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica: se parece a uno que, al construir una casa, cavó en lo profundo y asentó los cimientos sobre la roca. Vino una crecida, el río embistió contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba bien construida.
En cambio, el que escucha y no pone en práctica se parece a uno que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. El río embistió contra ella, y enseguida se derrumbó; y fue grande la ruina de aquella casa».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo nos habla hoy del corazón de nuestra fe: la Eucaristía. "El cáliz que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?". Cada vez que comulgamos no recibimos una cosa, sino a Alguien: al mismo Cristo, que nos une a Él y nos une entre nosotros: "un solo pan y un solo cuerpo somos". La Misa no es un rito más; es el manantial del que brota la fuerza para vivir como cristianos y el lazo que hace de muchos una sola familia.
Pero Pablo saca de ahí una exigencia: "no pueden participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios". No se puede comulgar con Cristo el domingo y comulgar el resto de la semana con lo que lo niega: el odio, la mentira, la injusticia, los "ídolos" del dinero, del poder o del propio yo. La Eucaristía pide coherencia; recibir a Cristo compromete toda la vida. No para cargarnos de culpa, sino para dejar que lo que celebramos en el altar transforme de verdad nuestro modo de vivir.
El Evangelio dice lo mismo con dos imágenes sencillas. La primera: "cada árbol se conoce por su fruto". Nuestra fe se nota en lo que damos, no en lo que decimos; "de lo que rebosa el corazón habla la boca". La segunda: la casa sobre roca. Jesús es tajante: no basta con llamarlo "Señor, Señor"; hay que hacer lo que dice. El que escucha la Palabra y la pone en práctica construye sobre roca, y ninguna crecida lo derriba; el que la escucha y no la vive, construye sobre arena, y a la primera tormenta todo se viene abajo. La diferencia entre una vida sólida y una vida que se desmorona no está en oír, sino en hacer.
Hoy, sábado, la Iglesia vuelve su mirada a María y celebra su Santo Nombre. Nadie construyó su vida sobre la roca como ella: escuchó la Palabra, dijo "hágase" y la cumplió hasta el final. María es el mejor "fruto" de una vida enraizada en Dios. Pídele hoy que te ayude a ser, como ella, no solo oyente sino cumplidor de la Palabra. Y hazte una pregunta muy concreta: ¿sobre qué estoy construyendo mi vida? Si es sobre Cristo, escuchado y puesto en práctica, ninguna tormenta podrá contigo. Deja que la Eucaristía que recibes se convierta en frutos buenos y en cimientos firmes.
— Oración —
Señor Jesús,
en la Eucaristía te nos das entero:
que nunca reciba tu cuerpo por costumbre,
sino con un corazón que quiere parecerse al tuyo.
Dame coherencia:
que no comulgue contigo y luego con lo que te niega.
Que mi fe se note en frutos buenos,
y que no me quede en llamarte "Señor, Señor",
sino que haga lo que me dices.
Ayúdame a construir mi vida sobre ti, la Roca firme,
para que ninguna tormenta pueda derribarla.
Y que, como María, escuche tu Palabra
y la cumpla cada día.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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