Evangelio del día

Evangelio del Miércoles 9 de septiembre

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

1 Corintios 7, 25-31

Hermanos:

Acerca de los que viven en virginidad no tengo ningún mandato del Señor, pero doy mi consejo como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. Pienso que, ante la necesidad del momento presente, es bueno para el hombre quedarse como está.

¿Estás unido a una mujer? No busques separarte. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer. Pero, si te casas, no pecas; y si una joven se casa, no peca. Solo que los tales tendrán tribulaciones en su vida, y yo quisiera evitárselas.

Les digo, hermanos, que el tiempo se acaba. Por lo que queda, que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran, porque la figura de este mundo pasa.

Palabra de Dios.

— Salmo 44 —

R. Escucha, hija, mira e inclina el oído.

Escucha, hija, mira e inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa de tu padre;
el rey está prendado de tu hermosura:
póstrate ante él, que él es tu Señor.

R. Escucha, hija, mira e inclina el oído.

Toda espléndida, la hija del rey,
va vestida de brocado de oro;
la llevan ante el rey con un cortejo de vírgenes,
sus compañeras la acompañan.

R. Escucha, hija, mira e inclina el oído.

Las conducen entre alegría y algazara,
entran en el palacio del rey.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra».

R. Escucha, hija, mira e inclina el oído.

— Evangelio —
Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, decía:

«Dichosos ustedes, los pobres, porque suyo es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.

Dichosos los que ahora lloran, porque reirán.

Dichosos ustedes cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alégrense aquel día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo; pues lo mismo hacían sus padres con los profetas.

Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya recibieron aquí su consuelo!

¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados, porque tendrán hambre!

¡Ay de los que ahora ríen, porque harán duelo y llorarán!

¡Ay cuando todos hablen bien de ustedes, porque lo mismo hacían sus padres con los falsos profetas!».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo nos regala hoy una fórmula para vivir libres en medio de todo: "el tiempo se acaba… los que tienen algo, como si no lo tuvieran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran, porque la figura de este mundo pasa". No nos pide despreciar la vida ni renunciar a la alegría o al amor, sino vivirlo todo sin aferrarnos, sabiendo que nada de esto es definitivo. Es la libertad del que tiene el corazón puesto en lo que no pasa. Quien vive así disfruta más y sufre menos, porque no ha hecho de las cosas su dios.

El Evangelio nos da la razón última de esa libertad: las bienaventuranzas. Jesús "levanta los ojos hacia sus discípulos" y proclama dichosos justo a los que el mundo tiene por desgraciados: los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los perseguidos por su causa. No es que Dios ame la miseria; es que promete a los últimos un reino que nadie les podrá quitar. Dios mira al revés que el mundo: donde nosotros vemos fracaso, Él ve bienaventuranza; donde ponemos la felicidad, a veces solo hay un consuelo pasajero.

Por eso vienen luego los "ay": "¡ay de ustedes, los ricos, porque ya recibieron aquí su consuelo!". No es una condena a tener bienes, sino una advertencia a quien se instala en ellos y se queda ahí, satisfecho, sin hambre de Dios ni de justicia. El peligro del que "ya tiene su consuelo" es que se conforma con lo que se acaba y cierra el corazón a lo grande. Y hay un "ay" especialmente incómodo: "¡ay cuando todos hablen bien de ustedes!". El aplauso de todos, muchas veces, es señal de que hemos dejado de incomodar, de que ya no anunciamos nada que moleste al mundo.

Estas palabras nos piden un examen sincero: ¿dónde tengo puesta mi seguridad y mi felicidad? ¿En lo que pasa o en lo que permanece? ¿Vivo con hambre de Dios y de justicia, o me he acomodado en mi pequeño consuelo? Hoy, pide la gracia de mirar como mira Dios: de acercarte a los pobres, a los que lloran, a los descartados, y ver en ellos a los bienaventurados del Reino; y de vivir todo lo bueno que tienes con las manos abiertas, "como si no lo tuvieras", libre y agradecido, con el corazón puesto en lo que no se acaba.

— Oración —

Señor,
enséñame a vivir con el corazón libre,
disfrutando de lo bueno sin aferrarme a nada,
porque la figura de este mundo pasa
y solo tú permaneces.
Dame tu mirada, que llama dichosos
a los pobres, a los que lloran, a los que tienen hambre de ti.
Líbrame de instalarme en mi pequeño consuelo
y de buscar el aplauso de todos.
Que ponga mi seguridad en ti,
que tenga hambre de tu justicia
y sepa acercarme a los últimos,
en quienes tú me sales al encuentro.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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