Evangelio del día
Evangelio del Lunes 7 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 5, 1-8
Hermanos:
Se oye que hay entre ustedes un caso de inmoralidad, y una inmoralidad tal como no se da ni siquiera entre los paganos: uno convive con la mujer de su padre. ¿Y ustedes andan tan orgullosos? Más les valdría estar de duelo y apartar de entre ustedes al que ha hecho eso.
Pues yo, ausente con el cuerpo pero presente con el espíritu, ya he juzgado, como si estuviera presente, al que así ha obrado. En el nombre de nuestro Señor Jesús, reunidos ustedes y yo en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, sea entregado ese hombre a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el día del Señor.
No tienen de qué gloriarse. ¿No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barran la levadura vieja, para ser masa nueva, ya que son panes sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Así que celebremos la fiesta, no con levadura vieja, la levadura de la maldad y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la sinceridad y la verdad.
Palabra de Dios.
— Salmo 5 —
R. Guíame, Señor, por tu justicia.
Tú no eres un Dios a quien agrade la maldad;
el malvado no es tu huésped,
ni el soberbio se sostiene ante tu mirada.
R. Guíame, Señor, por tu justicia.
Aborreces a los que hacen el mal,
haces perecer a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traidor
lo detesta el Señor.
R. Guíame, Señor, por tu justicia.
Que se alegren los que se refugian en ti,
que griten de gozo para siempre;
protégelos, y se llenarán de alegría
los que aman tu nombre.
R. Guíame, Señor, por tu justicia.
— Evangelio —
Lucas 6, 6-11
Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Los escribas y los fariseos estaban al acecho, por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre de la mano paralizada:
«Levántate y ponte en medio».
El hombre se levantó y se quedó de pie. Jesús les dijo:
«Les pregunto: ¿qué está permitido en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o dejarla perder?».
Y, mirándolos a todos alrededor, le dijo al hombre:
«Extiende tu mano».
Él la extendió, y su mano quedó sana. Ellos, fuera de sí, discutían entre sí qué podían hacer contra Jesús.
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo afronta hoy un caso grave en la comunidad de Corinto, y lo hace con una imagen que nos toca a todos: "un poco de levadura fermenta toda la masa". El mal que toleramos, aun pequeño, no se queda quieto: se extiende y contamina el ambiente, la familia, la comunidad. Por eso Pablo pide sacar "la levadura vieja": no por dureza, sino porque el pecado, dejado crecer, hace daño al que lo comete y a todos. Su severidad, de hecho, es medicinal: busca que quien ha caído reaccione, se arrepienta y "se salve en el día del Señor". Corregir el mal es también un modo de amar.
Y en medio de esa corrección, Pablo levanta la mirada a lo esencial: "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado". Todo cristiano vive de esa entrega: el Cordero que se dio por nosotros nos ha hecho "masa nueva". Por eso nos invita a celebrar la vida "con los panes sin levadura de la sinceridad y la verdad". La santidad no es un maquillaje exterior, sino la verdad limpia del corazón: ser por dentro lo que decimos ser, sin doblez ni hipocresía. Hoy es un buen día para preguntarse qué "levadura vieja" —un rencor, una mentira que sostengo, una costumbre que me daña— necesito barrer para vivir más limpio.
El Evangelio nos muestra a Jesús frente a la tentación de siempre: la de anteponer la norma a la persona. En la sinagoga hay un hombre con la mano seca; y hay unos hombres con el corazón seco, al acecho, buscando de qué acusarlo. Jesús no se esconde: pone al enfermo en medio y lanza la pregunta que lo desnuda todo: "¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o dejarla perder?". Para Dios, la misericordia nunca descansa. Curar, levantar, hacer el bien jamás está "prohibido".
"Extiende tu mano", le dice Jesús. Y aquella mano paralizada vuelve a la vida. También nosotros llevamos alguna "mano seca": una capacidad de amar que se nos ha atrofiado, un gesto de perdón o de ayuda que no nos atrevemos a hacer, una parte de la vida que hemos dejado endurecer. A esa parte nuestra, Jesús le dice hoy lo mismo: "extiéndela", ponla al descubierto, déjame sanarla. Y cuídate de lo contrario: de esos corazones "fuera de sí" que, ante el bien evidente, solo saben criticar. Que no te gane la dureza. Hoy, haz el bien que puedas hacer, sin excusas, y deja que el Señor te devuelva la mano abierta.
— Oración —
Señor,
barre de mi vida la levadura vieja:
el rencor, la mentira, la doblez,
todo lo que, aun pequeño, me contamina por dentro.
Tú, Cristo, eres mi Pascua:
hazme masa nueva, sincera y verdadera.
Sana mi mano seca,
esa capacidad de amar y de ayudar que dejé atrofiar,
y dame el valor de extenderla cuando tú me lo pidas.
Líbrame de la dureza de quien antepone la norma a la persona,
y enséñame que hacer el bien nunca está de más.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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