Evangelio del día
Evangelio del Domingo 6 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Ezequiel 33, 7-9
Esto dice el Señor:
«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela para la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, los prevendrás de mi parte.
Si yo digo al malvado: “Malvado, morirás sin remedio”, y tú no hablas para prevenir al malvado de su camino, él morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuentas de su sangre.
En cambio, si tú previenes al malvado para que se aparte de su camino, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida».
Palabra de Dios.
— Salmo 94 —
R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón».
Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con salmos.
R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón».
Vengan, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor que nos creó;
porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él apacienta.
R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón».
Ojalá escuchen hoy su voz:
«No endurezcan el corazón como en la rebelión,
como el día de la prueba en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y me pusieron a prueba,
aunque habían visto mis obras».
R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón».
— Segunda Lectura —
Romanos 13, 8-10
Hermanos:
A nadie le deban nada, salvo el amor mutuo; porque el que ama al prójimo tiene cumplida la ley. De hecho, los mandamientos «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, no codiciarás», y cualquier otro, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal al prójimo; por eso, el amor es la plenitud de la ley.
Palabra de Dios.
— Evangelio —
Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas entre los dos. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, hazte acompañar de uno o dos más, para que todo el asunto se resuelva por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad; y si tampoco escucha a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad les digo que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, mi Padre, que está en el cielo, se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo, en medio de ellos».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Las tres lecturas de hoy nos hablan de una misma cosa: la responsabilidad que tenemos unos de otros. Dios le dice a Ezequiel: "Te he puesto de centinela para la casa de Israel". El centinela es el que vigila y avisa del peligro. No podemos desentendernos de la suerte de los demás con un cómodo "cada quien con su vida": si vemos a un hermano encaminándose al mal y callamos por comodidad o por miedo, algo de esa herida nos toca. Amar también es advertir, con respeto y con verdad, a quien se está haciendo daño.
Pero ¿cómo hacerlo sin volvernos jueces amargos? San Pablo nos da la clave: "El que ama al prójimo tiene cumplida la ley… el amor es la plenitud de la ley". Todo mandamiento se resume en "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Así que la corrección, la advertencia, el interés por el otro solo son cristianos cuando nacen del amor y buscan el bien del hermano, nunca el desahogo de nuestra rabia ni el gusto de tener razón. Sin amor, la verdad hiere; con amor, la verdad sana.
El Evangelio baja esto a lo concreto y nos regala una pedagogía de la misericordia. Si tu hermano falla, Jesús no dice "critícalo con otros" ni "humíllalo en público", sino "ve y habla con él a solas". Primero, la cercanía discreta, cara a cara, para ganarlo, no para vencerlo. Solo si no escucha se dan los siguientes pasos, y siempre con el mismo fin: recuperarlo. Es todo lo contrario del chisme, que habla del otro con todos menos con él. Corregir así, en privado y con cariño, es una de las formas más altas y más difíciles del amor.
Y Jesús termina con una promesa preciosa: "Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo, en medio de ellos". La comunidad cristiana no es una suma de individuos, sino un lugar donde Cristo se hace presente cuando nos reunimos en su nombre, cuando oramos juntos, cuando nos ayudamos a ser mejores. Hoy, pregúntate: ¿hay alguien por quien deba ser "centinela", a quien deba una palabra sincera y amorosa que no me atrevo a decir? ¿Corrijo, y me dejo corregir, desde el amor o desde el orgullo? Pide la valentía de amar en verdad, y confía: donde te reúnas con otros en su nombre, Él estará en medio.
— Oración —
Señor,
gracias porque me has hecho responsable de mis hermanos.
Hazme centinela atento y valiente,
capaz de decir la palabra que ayuda,
siempre desde el amor y nunca desde el orgullo.
Que el amor sea en mí la plenitud de la ley:
que no haga mal a nadie
y busque de verdad el bien del otro.
Enséñame a corregir en privado y con cariño,
a ganar al hermano y no a vencerlo,
y a dejarme corregir con humildad.
Y donde me reúna con otros en tu nombre,
hazte presente en medio de nosotros.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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