Evangelio del día
Evangelio del Sábado 5 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 4, 6-15
Hermanos:
Aprendan de mí y de Apolo a no ir más allá de lo que está escrito, para que ninguno se llene de orgullo poniéndose de parte de uno contra otro. Pues ¿quién te hace superior? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?
Ya están saciados, ya se han hecho ricos, ya reinan sin nosotros. ¡Ojalá reinaran de veras, para reinar también nosotros con ustedes! Porque me parece que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte: hemos venido a ser espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres.
Nosotros, necios por Cristo; ustedes, sensatos en Cristo. Nosotros, débiles; ustedes, fuertes. Ustedes, honrados; nosotros, despreciados. Hasta este momento pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, nos abofetean, no tenemos dónde vivir; nos agotamos trabajando con nuestras manos. Cuando nos insultan, bendecimos; cuando nos persiguen, aguantamos; cuando nos calumnian, respondemos con bondad. Hemos venido a ser como la basura del mundo, el desecho de todos, hasta el día de hoy.
No les escribo esto para avergonzarlos, sino para corregirlos como a hijos míos queridos. Porque, aunque tuvieran diez mil tutores en Cristo, padres no tienen muchos; fui yo quien los engendré en Cristo Jesús por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
— Salmo 144 —
R. El Señor está cerca de quien lo invoca.
El Señor es justo en todos sus caminos,
y santo en todas sus obras.
Cerca está de cuantos lo invocan,
de cuantos lo invocan con sinceridad.
R. El Señor está cerca de quien lo invoca.
Cumple los deseos de los que lo temen,
escucha su clamor y los salva.
El Señor guarda a todos los que lo aman,
pero destruye a los malvados.
R. El Señor está cerca de quien lo invoca.
Mi boca dirá la alabanza del Señor;
que todo viviente bendiga su santo nombre,
ahora y por todos los siglos.
R. El Señor está cerca de quien lo invoca.
— Evangelio —
Lucas 6, 1-5
Un sábado, mientras Jesús pasaba entre los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, restregándolas con las manos, se las comían.
Algunos fariseos les dijeron:
«¿Por qué hacen lo que no está permitido en sábado?».
Jesús les respondió:
«¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados a Dios, comió y dio a sus compañeros, siendo así que solo a los sacerdotes les está permitido comerlos».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es también señor del sábado».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo lanza hoy una pregunta que desarma todo orgullo: "¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?". Todo lo que somos y tenemos —la vida, la fe, los talentos, la salud, el tiempo— es regalo de Dios. No hay nada de lo que podamos vanagloriarnos como si fuera mérito solo nuestro. Reconocerlo es el principio de la humildad y también de la gratitud: quien sabe que todo lo ha recibido, vive dando gracias y comparte con generosidad lo que se le dio.
Y Pablo describe su vida de apóstol con crudeza: son "los últimos", tratados como "la basura del mundo", que pasan hambre, los insultan y los persiguen. Pero fíjate en su respuesta: "cuando nos insultan, bendecimos; cuando nos persiguen, aguantamos; cuando nos calumnian, respondemos con bondad". No devuelven mal por mal. Esa es la fuerza escondida del Evangelio: vencer el mal con el bien, responder al desprecio con la bendición. El seguidor de Cristo no se impone por la fuerza, sino por el amor humilde que aguanta y bendice.
En el Evangelio, unos fariseos critican a los discípulos por arrancar espigas en sábado. Jesús les recuerda a David, que comió los panes sagrados por necesidad, y sentencia: "El Hijo del hombre es también señor del sábado". El sábado, la ley, las normas religiosas están al servicio de la persona y del amor, no al revés. Cuando una norma se usa contra la misericordia, se ha entendido mal. Jesús no viene a abolir la ley, sino a devolverle su corazón: el bien de la persona, el amor a Dios y al prójimo.
Hoy la Iglesia recuerda a santa Teresa de Calcuta, que hizo de su vida una sola cosa: "algo hermoso para Dios" en los más pobres entre los pobres. Ella entendió las dos lecturas a la perfección: sabía que todo lo había recibido, y por eso lo daba todo; y puso siempre a la persona —el moribundo recogido de la calle, el enfermo, el abandonado— por encima de cualquier cálculo, porque en cada uno veía a Cristo. Hoy, deja que estas palabras trabajen en ti: da gracias porque todo lo has recibido, y compártelo; responde al mal con bendición, sin devolver golpe por golpe; y no dejes que ninguna norma te impida hacer el bien a quien Dios te ponga delante. Como Teresa, haz de tu día algo hermoso para Dios.
— Oración —
Señor,
todo lo que tengo lo he recibido de ti:
enséñame a vivir con humildad y gratitud,
sin presumir de lo que es puro regalo tuyo.
Cuando me insulten, dame la fuerza de bendecir;
cuando me hagan daño, que responda con bondad.
Líbrame de esconderme detrás de las normas
para no amar; que ponga siempre a la persona,
en la que tú me sales al encuentro, por delante.
Como santa Teresa de Calcuta,
hazme capaz de ver tu rostro en el más pobre
y de hacer de mi vida algo hermoso para ti.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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