Evangelio del día
Evangelio del Viernes 4 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 4, 1-5
Hermanos:
Que todos nos tengan por servidores de Cristo y encargados de repartir los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se pide a un encargado es que sea fiel. A mí lo que menos me importa es que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; ni siquiera yo me juzgo a mí mismo. Pues, aunque mi conciencia nada me reprocha, no por eso quedo justificado: mi juez es el Señor.
Así que no juzguen antes de tiempo; esperen la venida del Señor, que sacará a la luz lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones de los corazones. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.
Palabra de Dios.
— Salmo 36 —
R. La salvación de los justos viene del Señor.
Confía en el Señor y practica el bien,
habita la tierra y vive tranquilo;
que el Señor sea tu alegría,
y él te dará lo que pide tu corazón.
R. La salvación de los justos viene del Señor.
Pon tu camino en manos del Señor,
confía en él, y él obrará;
sacará a la luz tu justicia,
y tu derecho, como el mediodía.
R. La salvación de los justos viene del Señor.
Apártate del mal y practica el bien,
y tendrás siempre un hogar;
porque el Señor ama lo que es justo
y no abandona a sus fieles.
R. La salvación de los justos viene del Señor.
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el peligro;
el Señor los ayuda y los libra,
los salva porque se acogen a él.
R. La salvación de los justos viene del Señor.
— Evangelio —
Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús:
«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y hacen oración, y también los de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben».
Jesús les respondió:
«¿Acaso pueden hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Llegarán días en que les quitarán al novio; entonces, en aquellos días, ayunarán».
Y les puso una comparación:
«Nadie corta un retazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo; porque, si lo hace, rompe el nuevo, y al viejo no le combina el retazo del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se pierden.
El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos.
Y nadie que haya bebido del añejo quiere del nuevo, porque dice: “El añejo es mejor”».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo nos da hoy la clave de una vida cristiana sin ansiedad: "Que todos nos tengan por servidores de Cristo y encargados de repartir los misterios de Dios". No somos dueños de nada; somos administradores de lo que Dios nos confía —la fe, los dones, la propia vida—, y lo único que se nos pide es ser fieles. Fíjate bien: no se nos pide tener éxito, ni brillar, ni convencer a todos; se nos pide fidelidad, cumplir con amor lo que Dios nos encomienda, esté quien esté mirando.
De ahí Pablo saca una gran libertad: "A mí lo que menos me importa es que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano". No vive pendiente del aplauso ni del reproche de los demás, porque sabe que su único juez es el Señor. Cuánta paz nos daría vivir así: sin la esclavitud de la opinión ajena, sin castigarnos con dureza a nosotros mismos, dejando el juicio a Dios, que ve el corazón y "sacará a la luz lo que esconden las tinieblas". Él, que lo ve todo, es también el más misericordioso.
En el Evangelio, unos le reprochan a Jesús que sus discípulos no ayunen. Él responde que no se puede estar de luto mientras el novio está presente: con Jesús ha llegado la alegría de las bodas, la fiesta de Dios con los hombres. Y añade dos imágenes: no se remienda un vestido viejo con un retazo nuevo, ni se echa vino nuevo en odres viejos. El Evangelio es vino nuevo: trae una novedad tan grande que no cabe en los odres resecos de nuestras costumbres cerradas, de un corazón endurecido por la rutina o el puro cumplimiento. Para recibir a Cristo hace falta un corazón nuevo, flexible, capaz de dejarse ensanchar.
"El añejo es mejor", dicen algunos, aferrados a lo de siempre. Es la tentación de quedarnos instalados en lo conocido y cerrarle la puerta a lo que Dios quiere hacer nuevo en nosotros. Hoy el Señor te invita a dos cosas. Primero, a vivir en paz tu fidelidad de cada día, sin obsesionarte con el juicio de los demás ni con el tuyo propio: haz el bien y deja el resto en manos de Dios. Y segundo, a no ponerle odres viejos a su vino nuevo: pídele un corazón dócil, capaz de dejarse renovar por su Evangelio, para que la alegría del novio que ya está contigo no se derrame por las grietas de un corazón endurecido.
— Oración —
Señor,
hazme un buen administrador de lo que me confías:
que no busque brillar, sino ser fiel
en lo pequeño y en lo escondido.
Líbrame de vivir pendiente del juicio de los demás
y de castigarme a mí mismo con dureza;
tú eres mi juez, y tu mirada es misericordia.
Dame un corazón nuevo, dócil y flexible,
un odre capaz de recibir el vino nuevo de tu Evangelio.
Que no me quede en "el añejo es mejor",
aferrado a mis costumbres,
sino que me deje renovar cada día por ti
y viva con la alegría de saberte a mi lado.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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