Evangelio del día
Evangelio del Jueves 3 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 3, 18-23
Hermanos:
Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, hágase necio para llegar a ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, pues está escrito: «Él atrapa a los sabios en su propia astucia». Y también: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios: no son más que vanidad».
Así que nadie se gloríe en los hombres, porque todo es de ustedes: sea Pablo, sea Apolo, sea Cefas; sea el mundo, la vida o la muerte; lo presente o lo por venir. Todo es de ustedes; ustedes, en cambio, son de Cristo, y Cristo es de Dios.
Palabra de Dios.
— Salmo 23 —
R. Este es el pueblo que busca tu rostro, Señor.
Del Señor es la tierra y todo lo que contiene,
el mundo entero y todos los que en él viven.
Él la fundó sobre los mares,
la afianzó sobre las corrientes.
R. Este es el pueblo que busca tu rostro, Señor.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en su recinto santo?
El de manos inocentes y corazón limpio,
el que no entrega su alma a lo vano ni jura en falso a su prójimo.
R. Este es el pueblo que busca tu rostro, Señor.
Ese recibirá la bendición del Señor,
la salvación del Dios que lo salva.
Este es el pueblo que lo busca,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.
R. Este es el pueblo que busca tu rostro, Señor.
— Evangelio —
Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la multitud se agolpaba sobre Jesús para oír la palabra de Dios, mientras él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Vio dos barcas junto al lago; los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la separara un poco de la tierra. Luego se sentó y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón:
«Lleva la barca mar adentro, y echen sus redes para la pesca».
Simón le respondió:
«Maestro, hemos trabajado toda la noche sin recoger nada; pero, en tu palabra, echaré la red».
Y, al hacerlo, apresaron una multitud tan grande de peces que la red se rompía. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos; vinieron, y llenaron las dos barcas, tanto que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo:
«Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador».
Pues el estupor lo había envuelto, a él y a todos los que lo acompañaban, por la pesca que habían hecho; y lo mismo de Santiago y de Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Entonces llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo desmonta hoy una tentación muy nuestra: medir la fe con la vara del mundo. "Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, hágase necio para llegar a ser realmente sabio", porque "la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios". No es un desprecio a la inteligencia, sino una advertencia contra la soberbia del que cree tenerlo todo resuelto por su cuenta. Y de ahí Pablo salta a una frase que ensancha el pecho: "todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios". No tenemos que aferrarnos a nada ni idolatrar a nadie, porque en Cristo ya lo hemos recibido todo.
El Evangelio pone esa sabiduría de Dios en acción, junto al lago. Pedro ha trabajado toda la noche y no ha sacado nada; está cansado, con las redes vacías y pocas ganas de repetir. Pero cuando Jesús le pide remar mar adentro, responde con una de las frases más hermosas del Evangelio: "en tu palabra echaré la red". No confía en su experiencia de pescador, que le decía que era inútil; confía en la palabra de Jesús. Y la pesca es tan grande que las redes se rompen. Así obra Dios cuando dejamos de apoyarnos solo en nuestros cálculos y nos fiamos de Él.
Ante el milagro, Pedro no se llena de orgullo: cae de rodillas y dice "apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Reconoce su pequeñez frente a la santidad de Jesús. Y justo a ese hombre que se sabe pecador, Jesús lo llama: "no temas; desde ahora serás pescador de hombres". Dios no elige a los que se creen perfectos, sino a los que, humildes, se reconocen necesitados de Él. Pedro y sus compañeros lo dejaron todo y lo siguieron: la respuesta al amor de Dios siempre pide soltar algo para tener las manos libres.
Hoy celebramos a san Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia, que se llamó a sí mismo "siervo de los siervos de Dios". Hombre cultísimo, puso toda su sabiduría al servicio del Evangelio: cuidó a los pobres, ordenó la liturgia y el canto de la Iglesia, y envió misioneros hasta tierras lejanas para echar allí las redes de Cristo. Fue, como Pedro, un pescador de hombres que confió en la palabra del Señor más que en sus propias fuerzas. Que su ejemplo nos anime: no te fíes solo de tu cansancio ni de tus cálculos, sino de la palabra de Jesús; reconoce con humildad que eres pecador y déjate llamar igual; y no tengas miedo de soltar lo que haga falta para seguirlo. Rema mar adentro: donde tú no sacaste nada, Él puede llenar la barca.
— Oración —
Señor Jesús,
tú que llamaste a Pedro desde su barca cansada,
enséñame a fiarme de tu palabra
más que de mis fuerzas y mis cálculos.
Cuando haya trabajado en vano y me falten las ganas,
dame la humildad de decir: "en tu palabra echaré la red".
Líbrame de la falsa sabiduría del mundo
y de gloriarme en nada que no seas tú,
porque todo es tuyo y yo soy tuyo.
Reconozco que soy pecador, y aun así me llamas:
hazme, como san Gregorio, pescador de hombres,
capaz de dejarlo todo para seguirte.
Rema conmigo mar adentro,
y llena mi barca con tu gracia.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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