Evangelio del día
Evangelio del Martes 1 de septiembre
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 2, 10b-16
Hermanos:
El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer los dones que Dios nos ha regalado.
Y las exponemos no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales con términos espirituales.
El hombre puramente natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios; le parece una necedad y no lo puede entender, porque solo se disciernen con el Espíritu. En cambio, el hombre espiritual lo discierne todo, y a él nadie lo puede juzgar. Pues ¿quién ha conocido la mente del Señor, para poder instruirlo? Nosotros, en cambio, tenemos la mente de Cristo.
Palabra de Dios.
— Salmo 144 —
R. El Señor es justo en todos sus caminos.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. El Señor es justo en todos sus caminos.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R. El Señor es justo en todos sus caminos.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. El Señor es justo en todos sus caminos.
— Evangelio —
Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, y se puso a gritar con fuerte voz:
«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó diciendo:
«¡Cállate y sal de él!».
Y el demonio, arrojándolo al suelo en medio de todos, salió de él sin hacerle daño.
Quedaron todos estupefactos y comentaban entre sí:
«¿Qué tiene su palabra? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se extendía por todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo nos abre hoy una puerta al misterio: "El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios". Así como nadie conoce nuestro interior mejor que nosotros mismos, así también solo el Espíritu de Dios conoce las profundidades de Dios. Y lo asombroso es que ese mismo Espíritu se nos ha dado: "hemos recibido el Espíritu que viene de Dios". No estamos condenados a mirar a Dios desde fuera, como un extraño; se nos ha regalado la capacidad de entenderlo desde dentro, de tener, dice Pablo, "la mente de Cristo". Por eso hay cosas de la fe que no se captan con la sola razón humana: se comprenden con el corazón habitado por el Espíritu.
Esto nos explica algo importante: por qué a veces la fe "le parece una necedad" al que solo juzga con criterios humanos. La cruz, el perdón, la entrega, la esperanza más allá de la muerte... nada de eso "cierra" en la lógica del puro cálculo. Pero para quien tiene el Espíritu, todo eso es sabiduría y vida. No se trata de renunciar a la inteligencia, sino de pedir al Espíritu que la ilumine, que nos dé "los ojos del corazón" para ver la realidad como la ve Dios. Cuánto más pidiéramos el don del Espíritu, mejor entenderíamos nuestra propia vida.
El Evangelio nos muestra esa "mente de Cristo" en acción, con una palabra que tiene autoridad. En la sinagoga de Cafarnaún, Jesús enseña y la gente queda asombrada, "porque su palabra estaba llena de autoridad". No habla como los que repiten opiniones ajenas; su palabra es poder, hace lo que dice. Y lo demuestra al liberar a un hombre atormentado por el mal: "¡Cállate y sal de él!", y el mal obedece. Jesús no discute con el mal, no negocia: lo echa fuera con una sola orden. Su palabra sana, libera, devuelve la vida.
Esa misma palabra poderosa quiere obrar hoy en nosotros. También nosotros llevamos dentro ataduras que nos atormentan: un rencor que no soltamos, un miedo que nos paraliza, un vicio que nos esclaviza, una tristeza que nos apaga. A todo eso Jesús le puede decir hoy "cállate y sal de él". Pero para escuchar su palabra hace falta acogerla, dejar que entre, no taparla con el ruido de fuera. Hoy, dale a Jesús permiso para hablar con autoridad en tu vida: preséntale eso que te tiene atado y pídele que lo eche fuera. Y pídele el don de su Espíritu, para tener la mente de Cristo y ver todo con sus ojos.
— Oración —
Señor,
gracias porque me has dado tu Espíritu,
que sondea lo profundo de Dios
y me regala tener la mente de Cristo.
Ilumina mi inteligencia y los ojos de mi corazón,
para ver la vida como tú la ves,
y no juzgar solo con los criterios del mundo.
Tu palabra tiene autoridad y poder:
di también a mis ataduras "cállate y sal de él".
Libérame del rencor, del miedo, de lo que me esclaviza.
Que acoja tu palabra sin taparla con el ruido,
y deje que ella me sane y me devuelva la vida.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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