Evangelio del día
Evangelio del Viernes 28 de agosto
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Corintios 1, 17-25
Hermanos:
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. Porque está escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces».
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el investigador de este mundo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
De hecho, como el mundo, mediante su propia sabiduría, no conoció a Dios en la sabiduría divina, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados, judíos o griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Palabra de Dios.
— Salmo 32 —
R. La misericordia del Señor llena la tierra.
Aclamen, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Den gracias al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
R. La misericordia del Señor llena la tierra.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R. La misericordia del Señor llena la tierra.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
R. La misericordia del Señor llena la tierra.
— Evangelio —
Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salgan a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dennos de su aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para nosotras y ustedes, vayan mejor a la tienda y cómprenlo”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad les digo que no las conozco”.
Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
San Pablo nos presenta hoy la mayor paradoja de nuestra fe: "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles". A los ojos del mundo, un Dios que se deja clavar en una cruz no tiene ningún sentido; es una locura, una debilidad. Pero ahí está el corazón del Evangelio: "lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres". Dios eligió salvarnos no con demostraciones de poder, sino con el amor extremo de un crucificado. La cruz es la sabiduría de Dios, que desmonta nuestra soberbia y nos enseña que el amor que se entrega vale más que toda la fuerza del mundo.
El Evangelio nos regala la parábola de las diez vírgenes, que esperan al esposo con sus lámparas. Todas quieren entrar a la boda, todas se adormecen mientras el esposo tarda; la diferencia entre las prudentes y las necias es una sola: el aceite. Las prudentes se proveyeron; las necias, no. Ese aceite representa lo que da luz a nuestra vida de fe: el amor, las obras buenas, la relación real con Dios, todo lo que no se puede improvisar en el último momento. Se puede fingir muchas cosas, pero no se puede pedir prestada de golpe una vida entera vivida con Dios.
Por eso las prudentes no pueden compartir su aceite; no es egoísmo, es que hay cosas que cada uno debe tener por sí mismo. Nadie puede amar por mí, nadie puede rezar mi oración ni vivir mi fe en mi lugar. La lámpara la enciende cada uno con el aceite de su propia vida. Y la parábola nos avisa con seriedad: llega un momento en que la puerta se cierra. No para asustarnos, sino para despertarnos: hoy es el tiempo de llenar la lámpara, de vivir de verdad, de amar ahora, sin dejarlo para un "mañana" que quizá no llegue como esperamos.
Hoy celebramos a san Agustín, que tardó en llenar su lámpara. Buscó la felicidad en mil sitios equivocados, pero al fin la encontró en Dios, y lo dejó escrito en una frase inmortal: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". Él, que llegó tarde pero llegó, nos anima a no aplazar el encuentro: "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé". Hoy, revisa el aceite de tu lámpara: ¿está tu vida encendida de amor, de oración, de obras buenas, o vives de apariencias que no alumbran? Llena hoy tu lámpara, velando en el amor, para que, cuando llegue el Esposo, entres con Él a la fiesta.
— Oración —
Señor Jesús crucificado,
tú eres la fuerza y la sabiduría de Dios,
locura para el mundo, salvación para mí.
Enséñame a no fiarme de mi propia sabiduría,
sino a gloriarme solo en tu cruz.
Dame el aceite que mantiene encendida la lámpara:
el amor verdadero, la oración, las obras buenas,
lo que no se puede improvisar ni pedir prestado.
Que no aplace mi encuentro contigo para un mañana incierto.
Y, como san Agustín, que al fin descanse en ti,
porque para ti me hiciste
y mi corazón está inquieto hasta que te encuentre.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

Oración del díaNueva cada mañana
Pasaje del díaCon su salmo
Reflexión del día
Santo RosarioLos misterios de hoy