Evangelio del día

Evangelio del Jueves 27 de agosto

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

1 Corintios 1, 1-9

Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, santos por vocación, junto con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con ustedes.

En mi acción de gracias a Dios los tengo siempre presentes, por la gracia de Dios que se les ha dado en Cristo Jesús. Pues por él han sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en ustedes se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecen de ningún don, ustedes que aguardan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Él los mantendrá firmes hasta el final, para que sean irreprochables el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, que los ha llamado a la comunión con su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

— Salmo 144 —

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Señor.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Señor.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Señor.

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tu justicia.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Señor.

— Evangelio —
Mateo 24, 42-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor. Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.

Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre.

¿Quién es el criado fiel y prudente a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. En verdad les digo que le confiará la administración de todos sus bienes.

Pero si aquel criado es un malvado y piensa: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera llegará el señor de aquel criado, y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo comienza su carta a los corintios con una acción de gracias desbordante: da gracias a Dios por ellos, "porque en ustedes se ha probado el testimonio de Cristo", y les recuerda que "no carecen de ningún don". Es hermoso comenzar mirando lo bueno, agradeciendo lo que Dios ha hecho en las personas antes de señalar sus fallos. Y termina con una frase para grabar en el corazón cuando la fe flaquea: "Fiel es Dios, que los ha llamado a la comunión con su Hijo". Nuestra constancia se apoya en la fidelidad de Dios, que nunca falla, aunque nosotros fallemos.

El Evangelio nos da una consigna breve y clara: "Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor". Velar no significa vivir angustiados o con miedo, sino tener el corazón despierto y atento, listo para el encuentro con Aquel que amamos. Como quien espera a alguien muy querido y no se distrae, porque puede llegar en cualquier momento. La vida cristiana es esta espera activa: no un estar de brazos cruzados, sino un vivir cada día haciendo el bien, como si hoy pudiera venir el Señor, y a la vez con la paciencia de quien sabe que puede tardar.

Jesús pone el ejemplo del criado a quien el amo dejó al frente de la casa. El fiel sigue cumpliendo su tarea con amor aunque el señor tarde; el infiel, en cambio, se dice "mi señor tarda", y aprovecha para desentenderse y hacer el mal. La diferencia entre ambos no está en lo que hacen cuando el amo está mirando, sino en cómo viven cuando parece ausente. Y esa es la prueba de nuestra fe: cómo nos comportamos en lo escondido, cuando creemos que nadie nos ve. El cristiano vela porque sabe que el Señor, aunque no lo veamos, siempre está cerca.

Hoy celebramos a santa Mónica, la madre de san Agustín, y no hay mejor ejemplo de esta vela perseverante. Durante quince años oró y lloró por la conversión de su hijo, que andaba lejos de Dios, sin cansarse, sin perder la esperanza, velando en la oración noche y día. Y Dios, fiel, escuchó su súplica: Agustín se convirtió y llegó a ser uno de los mayores santos de la Iglesia. Santa Mónica nos enseña a no rendirnos nunca en la oración por los que amamos. Hoy, mantente en vela: vive el día como si el Señor pudiera venir, haz el bien también cuando nadie te vea, y, como Mónica, no dejes de rezar con perseverancia por esa persona querida que se ha alejado de Dios. La fidelidad de Dios es más grande que nuestra espera.

— Oración —

Señor,
gracias porque eres fiel
y me sostienes firme hasta el final.
Dame un corazón despierto, en vela,
que te espere con amor y no con miedo,
y que haga el bien cada día como si hoy vinieras tú.
Que sea fiel también en lo escondido,
cuando creo que nadie me ve, porque tú siempre estás cerca.
Y, como santa Mónica, dame perseverancia en la oración:
que no me canse de rezar por los que amo
y se han alejado de ti.
Tú, que escuchaste sus lágrimas, escucha también las mías.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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