Evangelio del día

Evangelio del Martes 25 de agosto

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

2 Tesalonicenses 2, 1-3a. 14-17

Les rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no pierdan fácilmente la cabeza ni se alarmen por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima. Que nadie los engañe de ninguna manera.

Para esto los llamó Dios por medio de nuestro Evangelio: para que consigan la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Así, pues, hermanos, manténganse firmes y conserven las tradiciones que aprendieron de nosotros, de viva voz o por carta.

Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele sus corazones y les dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas.

Palabra de Dios.

— Salmo 95 —

R. Llega el Señor a regir la tierra.

Digan a los pueblos: «El Señor es rey:
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente».

R. Llega el Señor a regir la tierra.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.

R. Llega el Señor a regir la tierra.

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.

R. Llega el Señor a regir la tierra.

— Evangelio —
Mateo 23, 23-26

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.

¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

San Pablo, en la primera lectura, escribe a unos cristianos inquietos y desorientados. Había corrido el rumor de que el fin del mundo era inminente, y algunos habían perdido la calma. Y Pablo les da un consejo lleno de serenidad: "No pierdan fácilmente la cabeza ni se alarmen... que nadie los engañe". No todo lo que se dice, aunque venga con apariencia religiosa, es verdad de Dios. Frente al ruido y las falsas alarmas, Pablo los remonta a lo seguro: "Manténganse firmes y conserven las tradiciones que aprendieron". La fe no vive de emociones pasajeras ni de novedades sensacionalistas, sino del Evangelio firme que hemos recibido.

Y termina con una frase que es un bálsamo: Dios "nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa". Esa es la roca sobre la que descansar cuando todo alrededor se agita: sabernos amados por un Dios que nos consuela y nos sostiene. Quien tiene el corazón anclado en ese amor no vive angustiado por lo que pueda venir, sino sereno, "firme para toda obra buena".

El Evangelio nos lleva del sosiego exterior a la verdad interior. Jesús reprocha a los fariseos una religión de fachada: cumplen minuciosamente lo pequeño —pagan el diezmo hasta de la menta y el comino— pero descuidan "lo más grave: la justicia, la misericordia y la fidelidad". Es la tentación de reducir la fe a gestos externos que se ven, mientras el corazón queda descuidado. Y Jesús lo pinta con una imagen genial y hasta con humor: "filtran el mosquito y se tragan el camello". Cuánta razón: a veces somos escrupulosos en detalles insignificantes y, a la vez, pasamos por alto lo esencial, como el amor y la misericordia.

La clave está en la última frase: "Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera". Dios no quiere una religión de apariencias, sino un corazón limpio. Si el interior está bien, lo de fuera vendrá por añadidura; pero si por dentro hay rencor, egoísmo o doblez, de nada sirve la buena imagen. Hoy vale la pena un examen sincero: ¿me preocupo más de aparentar que de ser? ¿Cuido los detalles visibles de mi fe y descuido la justicia, la misericordia, la verdad? Pídele hoy a Dios que te limpie por dentro, la copa del corazón, y verás cómo tu vida entera empieza a brillar sin necesidad de fingir.

— Oración —

Señor,
líbrame de la angustia y de las falsas alarmas,
y ancla mi corazón en tu consuelo eterno
y en la esperanza dichosa que me has regalado.
Que no me quede en una fe de fachada,
cumplidora por fuera y vacía por dentro.
Cúrame de filtrar el mosquito y tragarme el camello:
que no descuide lo esencial —la justicia, la misericordia, la verdad—
por atender solo a lo que se ve.
Limpia primero la copa de mi corazón por dentro,
y así toda mi vida quedará limpia también por fuera.

Amén.

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