Evangelio del día
Evangelio del Viernes 7 de agosto
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Nahúm 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7
He aquí sobre los montes
los pies del mensajero
que proclama la paz.
Celebra tus fiestas, Judá,
cumple tus votos,
que no volverá a pasar por ti el perverso:
ha sido aniquilado del todo.
Pues restaura el Señor
la viña de Jacob,
la viña de Israel,
aunque los saqueadores la habían saqueado
y habían destrozado sus sarmientos.
¡Ay de la ciudad sanguinaria,
toda ella mentira,
llena de rapiña,
insaciable de presa!
Chasquido de látigo,
estrépito de ruedas,
galope de caballos,
salto de carros,
carga de caballería,
llamear de espadas,
fulgor de lanzas,
heridos sin cuento,
montones de muertos,
cadáveres sin fin,
en los que se tropieza.
«Arrojaré sobre ti inmundicias,
te deshonraré,
te pondré como espectáculo.
Y todo el que te vea
huirá de ti diciendo:
“¡Nínive está devastada!”.
¿Quién se compadecerá de ella?
¿Dónde buscaré quien la consuele?».
Palabra de Dios.
— Salmo —
Deuteronomio 32
R. Yo doy la muerte y la vida.
El día de su ruina se acerca,
y se precipita su destino.
El Señor hará justicia a su pueblo,
y tendrá piedad de sus siervos.
R. Yo doy la muerte y la vida.
Miren ahora: soy yo, solo yo,
y no hay dios fuera de mí.
Yo doy la muerte y la vida,
yo hiero y yo curo.
R. Yo doy la muerte y la vida.
Cuando afile el rayo de mi espada
y empuñe en mi mano el juicio,
haré justicia a mis adversarios
y daré su merecido a los que me aborrecen.
R. Yo doy la muerte y la vida.
— Evangelio —
Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad les digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su reino».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
La primera lectura, del profeta Nahúm, se abre con una imagen preciosa: "Sobre los montes, los pies del mensajero que proclama la paz". Es la figura del que corre a traer una buena noticia: se acabó la opresión, Dios ha salvado a su pueblo. Pero enseguida el texto pinta el otro cuadro: Nínive, la gran ciudad del imperio asirio, símbolo de la violencia, la mentira y la rapiña, se derrumba. El mensaje del profeta es claro y sigue siendo actual: ningún poder construido sobre la injusticia dura para siempre. Los imperios de la violencia parecen invencibles, pero acaban cayendo; solo lo edificado sobre la verdad y la paz permanece.
El Evangelio nos lleva al corazón de la fe cristiana con unas palabras exigentes y liberadoras a la vez: "Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga". Jesús no propone el sufrimiento por el sufrimiento, ni una religión triste. La "cruz" de la que habla es la consecuencia de amar en serio: quien ama de verdad siempre entrega algo de sí mismo, renuncia a su comodidad, se olvida un poco de sí para pensar en el otro. Negarse a uno mismo no es despreciarse, es dejar de girar en torno al propio ombligo para poder amar.
Y entonces viene la gran paradoja: "Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará". El mundo nos dice que la felicidad está en acumular, retener, asegurar. Jesús nos revela lo contrario: la vida guardada solo para uno mismo se pudre; la vida entregada florece. Piénsalo: las personas más plenas que conoces no son las más egoístas, sino las que se dan —unos padres por sus hijos, quien cuida a un enfermo, quien sirve sin esperar nada—. Pierden algo, sí, pero ganan una vida más honda y verdadera.
Jesús remata con una pregunta que atraviesa los siglos: "¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma?". Podemos tener éxito, dinero, reconocimiento, y estar por dentro vacíos, habiendo perdido lo esencial: la capacidad de amar, de confiar, de vivir en verdad. Hoy vale la pena revisar nuestras prioridades. ¿A qué me aferro que no me deja ser libre? ¿Qué seguridad tendría que soltar para amar más y mejor? Atrévete hoy a "perder" un poco de tu vida por Cristo y por los demás —tu tiempo, tu comodidad, tu orgullo— y descubrirás que ahí, justamente, se esconde la vida verdadera.
— Oración —
Señor Jesús,
tú me invitas a seguirte cargando la cruz de cada día,
no para hacerme sufrir, sino para enseñarme a amar.
Líbrame de vivir girando en torno a mí mismo.
Dame el valor de perder mi vida por ti,
de soltar lo que me ata y me impide amar,
para encontrar la vida verdadera que solo tú das.
Que no gane el mundo entero a costa de mi alma,
sino que te tenga a ti, que eres mi mayor tesoro.
Hazme mensajero de tu paz sobre los montes de este mundo.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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