Evangelio del día
Evangelio del Lunes 27 de julio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Jeremías 13, 1-11
Esto me dijo el Señor:
«Ve, cómprate un cinturón de lino y ciñe con él tu cintura; pero no lo metas en agua».
Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.
El Señor me dirigió la palabra por segunda vez:
«Toma el cinturón que has comprado y que llevas ceñido; ponte en marcha hacia el río Éufrates y escóndelo allí, en las hendiduras de las rocas».
Fui y lo escondí junto al Éufrates, según me había mandado el Señor.
Al cabo de muchos días, me dijo el Señor:
«Ve al Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí».
Fui al Éufrates, cavé y saqué el cinturón del sitio donde lo había escondido; y el cinturón estaba estropeado, no servía para nada.
Entonces el Señor me habló así:
«Esto dice el Señor: Del mismo modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado, que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros para rendirles culto y adorarlos, será como este cinturón, que ya no sirve para nada.
Porque, del mismo modo que se ajusta el cinturón a la cintura del hombre, así hice yo que se ajustaran a mí la casa de Judá y la casa de Israel —oráculo del Señor—, para que fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza y mi honor. Pero no me escucharon».
Palabra de Dios.
— Salmo —
Deuteronomio 32
R. Despreciaste al Dios que te engendró.
Despreciaste a la Roca que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor, e irritado
rechazó a sus hijos e hijas.
R. Despreciaste al Dios que te engendró.
Pensando: «Les ocultaré mi rostro,
y veré cuál es su suerte,
porque son una generación pervertida,
unos hijos desleales».
R. Despreciaste al Dios que te engendró.
«Me han dado celos con un dios que no es dios,
me han irritado con sus ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo,
con una nación fatua los irritaré».
R. Despreciaste al Dios que te engendró.
— Evangelio —
Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol, hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola:
«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Dios le pide hoy a Jeremías un gesto extraño: comprarse un cinturón de lino, ceñírselo un tiempo y luego esconderlo junto al río hasta que se pudre y ya no sirve para nada. Es una de esas "parábolas en acción" tan del gusto de los profetas. Y el mensaje es hermoso: "Del mismo modo que se ajusta el cinturón a la cintura, así hice yo que se ajustaran a mí". Dios nos quiso pegados a Él, ceñidos a su cintura, en una intimidad total. El cinturón no sirve tirado lejos; solo cumple su sentido abrazando el cuerpo. Y nosotros solo damos fruto cuando estamos pegados a Dios.
Pero el pueblo se alejó, "se comportó con corazón obstinado", y acabó como aquel cinturón olvidado en las rocas: estropeado, inútil. Es una advertencia con ternura: cuando nos separamos de Dios, nosotros mismos nos vamos secando por dentro y perdemos nuestro sentido más profundo; y esa ruptura, si no volvemos a Él, nos aparta de la vida verdadera. ¿Estoy yo ceñido a Dios, en contacto cada día con Él, o me he ido separando poco a poco, dejándome en un rincón donde la fe se va deteriorando?
El Evangelio nos da la buena noticia del otro lado: cuando estamos unidos a Dios, aunque seamos pequeños, damos un fruto enorme. Jesús compara el Reino con un grano de mostaza, "la más pequeña de las semillas", que se convierte en un árbol donde anidan los pájaros; y con un poco de levadura que hace fermentar toda la masa. Dios no desprecia lo pequeño; al contrario, es su manera preferida de trabajar. Tu oración escondida, tu gesto silencioso de amor, tu fe sencilla, parecen insignificantes, pero Dios los hace crecer más de lo que imaginas.
Hoy la Orden de Predicadores recuerda al beato Roberto Nutter, un sacerdote que, estando preso por la fe, hizo su profesión como dominico dentro de la cárcel y se mantuvo fiel hasta el martirio. Una semilla pequeñísima, escondida entre rejas, que dio un fruto de eternidad. Como él, no busques hacer cosas grandes y llamativas; basta con permanecer "ceñido" a Dios y sembrar tu granito de mostaza. Hoy, ajústate de nuevo a Él con un rato de oración, y siembra un gesto pequeño de bondad, confiando en que Dios lo hará fermentar.
— Oración —
Señor,
tú me quisiste ceñido a ti,
pegado a tu cintura como el cinturón,
en una intimidad que da sentido a mi vida.
No dejes que me aleje y me estropee
en el rincón de la rutina o del olvido.
Ajústame de nuevo a ti cada día.
Y aunque yo me sienta pequeño,
como el grano de mostaza o un poco de levadura,
hazme dar fruto para tu Reino.
Que mi oración escondida y mi amor callado
crezcan en tus manos más de lo que imagino.
Mantenme fiel, como el beato Roberto, hasta el final.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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