Evangelio del día
Evangelio del Viernes 24 de julio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Jeremías 3, 14-17
«Vuelvan, hijos apóstatas —oráculo del Señor—, que yo soy su dueño. Los iré tomando, uno de cada ciudad, dos de cada tribu, y los llevaré a Sion.
Les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con ciencia y prudencia.
Cuando ustedes crezcan y se multipliquen en la tierra, en aquellos días —oráculo del Señor— ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no vendrá a la mente, no se recordará ni se echará de menos, ni se hará otra.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén "Trono del Señor", y se reunirán en ella todas las naciones, en el nombre del Señor, y no procederán ya según la dureza de su corazón malvado».
Palabra de Dios.
— Salmo —
Jeremías 31
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anúncienla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño».
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor.
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
— Evangelio —
Mateo 13, 18-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El profeta Jeremías nos transmite hoy una promesa entrañable de Dios para un pueblo que se había alejado: "Vuelvan, hijos apóstatas, que yo soy su dueño". Y, en lugar de castigarlos, Dios promete algo precioso: "Les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con ciencia y prudencia". Dios no abandona a su rebaño; cuida de él, lo reúne de uno en uno, de dos en dos, y le da buenos guías. Cuántas veces, cuando andamos dispersos o perdidos, el Señor sale a buscarnos y nos pone en el camino a alguien —un sacerdote, una abuela creyente, un amigo de fe— que nos apacienta y nos devuelve a Él.
El cántico de Jeremías lo canta con una imagen llena de ternura: "El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño". Y promete algo que conmueve: "Convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas". Ese es el corazón de Dios: no quiere vernos tristes ni dispersos, sino reunidos y alegres bajo su cuidado. Por más lejos que uno se sienta, Dios siempre está reuniendo, siempre está llamando de vuelta a casa.
El Evangelio nos vuelve a regalar la parábola del sembrador, pero ahora con su explicación. Jesús nos describe cuatro terrenos que son, en realidad, cuatro maneras de escuchar la Palabra: el camino, donde el Maligno la roba; el pedregal, donde falta raíz; los abrojos, donde la ahogan los afanes y la seducción de las riquezas; y la tierra buena, que escucha, entiende y da fruto. Es un examen sincero: ¿cómo escucho yo la Palabra de Dios? ¿La dejo entrar de verdad, o se me queda en la superficie, o la ahogan mis preocupaciones?
Lo esperanzador es que la tierra de nuestro corazón se puede cultivar. Hoy la Orden de Predicadores recuerda a la beata Juana de Orvieto, una laica sencilla, bordadora, huérfana de niña, que se hizo tierra buena: escuchó la Palabra, la dejó echar raíces en la oración, y dio fruto de caridad y sabiduría que atraía a todos. No hizo cosas extraordinarias; simplemente dejó que la semilla creciera en ella. Hoy, prepara tu tierra: quita una piedra (una inconstancia), arranca un abrojo (un afán que te ahoga), y dedica un momento a escuchar de verdad una frase del Evangelio. Y déjate apacentar por el Buen Pastor, que convierte la tristeza en gozo.
— Oración —
Señor,
tú eres el Pastor que reúne a su rebaño disperso
y convierte la tristeza en gozo.
Cuando ande perdido, sal a buscarme;
ponme en el camino a buenos pastores
que me apacienten con tu Palabra.
Haz de mi corazón tierra buena:
quita las piedras de mi inconstancia,
arranca los abrojos de mis afanes,
y deja que tu semilla eche raíces hondas.
Que escuche tu Palabra, la entienda
y la deje dar fruto abundante,
como la dejó crecer la beata Juana en su vida sencilla.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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