Evangelio del día
Evangelio del Martes 21 de julio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Miqueas 7, 14-15. 18-20
Pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que habita solitario en la espesura, en medio de un vergel. Que pasten en Basán y en Galaad como en los tiempos antiguos.
Como en los días en que saliste de Egipto, muéstrale tus maravillas.
¿Qué Dios hay como tú, que perdonas la culpa y pasas por alto el pecado del resto de tu heredad? No mantienes por siempre tu ira, pues te agrada ser misericordioso.
Volverás a compadecerte de nosotros, calcarás nuestras culpas con tus pies, arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados.
Mostrarás tu fidelidad a Jacob, tu misericordia a Abrahán, como juraste a nuestros padres desde los días antiguos.
Palabra de Dios.
— Salmo 84 —
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Restáuranos, Dios, Salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
— Evangelio —
Mateo 12, 46-50
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
Uno se lo avisó:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo».
Pero él contestó al que le avisaba:
«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, señalando con la mano a sus discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El profeta Miqueas termina su libro con una de las preguntas más conmovedoras de toda la Escritura: "¿Qué Dios hay como tú, que perdonas la culpa y pasas por alto el pecado?". No hay otro Dios así. Los ídolos castigan, exigen, dan miedo; el Dios verdadero perdona porque "le agrada ser misericordioso". Fíjate qué hermoso: a Dios le gusta perdonar. No lo hace a regañadientes, sino con gusto, porque es su manera de ser.
Y la imagen que usa Miqueas para describir ese perdón es inolvidable: Dios "arroja al fondo del mar todos nuestros pecados". Imagina una piedra que cae al océano y se hunde para siempre, hasta lo más hondo, donde ya nadie la encuentra. Así hace Dios con lo que ponemos sincera y arrepentidamente en sus manos: lo sepulta, lo borra, no lo vuelve a sacar. Cuántas veces somos nosotros los que andamos buceando para rescatar viejas culpas que Dios ya hundió. Si Él las arrojó al mar, ¿por qué seguimos cargándolas?
El Evangelio nos abre otra ventana del corazón de Dios: la de la familia. Cuando le avisan que su madre y sus hermanos lo buscan, Jesús dice algo sorprendente: "El que hace la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre". No desprecia a su familia de sangre, todo lo contrario: ensancha la familia hasta abrazarnos a todos. Por la fe y por hacer la voluntad de Dios, tú y yo entramos en la familia de Jesús. No somos extraños para Él: somos sus hermanos.
Y nadie hizo la voluntad del Padre mejor que María. Por eso ella es Madre de Jesús dos veces: por haberlo llevado en su seno y, sobre todo, por haber dicho siempre "hágase". Ella nos enseña el camino para pertenecer a esa familia: escuchar a Dios y cumplir lo que pide, con sencillez, cada día. Hoy, haz dos cosas: deja de bucear viejas culpas que Dios ya arrojó al mar —si te pesa algo, confiésalo y déjalo ir— y pregúntate cuál es la voluntad de Dios para ti hoy, en un gesto concreto, para vivir como verdadero hermano de Jesús.
— Oración —
Señor,
¿qué Dios hay como tú,
que perdonas la culpa y te agrada ser misericordioso?
Gracias porque arrojas mis pecados
al fondo del mar, donde ya nadie los rescata.
Que yo no ande buceando
para recuperar lo que tú ya hundiste:
ayúdame a creer de verdad en tu perdón.
Hazme parte de tu familia,
enséñame a hacer la voluntad del Padre,
como la hizo María, tu Madre.
Que viva como hermano tuyo,
escuchándote y cumpliendo lo que me pides.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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