Evangelio del día

Evangelio del Sábado 18 de julio

7 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Miqueas 2, 1-5

¡Ay de los que traman el crimen y planean acciones perversas en sus camas! En cuanto amanece las ejecutan, porque tienen el poder.

Codician campos, y los roban; casas, y se apoderan de ellas; oprimen al dueño y a su casa, al hombre y a su heredad.

Por eso, así dice el Señor:
«Yo también tramo contra esa gente un mal del que no podrán librar el cuello, y no andarán erguidos, porque serán tiempos malos.

Aquel día les dedicarán una sátira y entonarán esta elegía: "Estamos del todo arruinados; se reparte el lote de mi pueblo. ¡Cómo me lo arrebatan! Nuestros campos se reparten a traidores".

Por eso no tendrás a nadie que eche el cordel para asignarte un lote en la asamblea del Señor».

Palabra de Dios.

— Salmo 9 —

R. No te olvides de los humildes, Señor.

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
En su soberbia el impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

R. No te olvides de los humildes, Señor.

El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas».
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes.

R. No te olvides de los humildes, Señor.

Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano.

R. No te olvides de los humildes, Señor.

— Evangelio —
Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.

Pero Jesús se enteró y se marchó de allí. Muchos lo siguieron, y él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.

Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Miren a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones.

No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; y en su nombre esperarán las naciones».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

El profeta Miqueas alza hoy la voz contra una injusticia que, por desgracia, sigue siendo de todas las épocas: los poderosos que "traman el crimen en sus camas" y, en cuanto amanece, lo ejecutan, porque tienen el poder. Roban campos, se apoderan de casas, oprimen a las familias. Dios no es neutral ante esto: toma partido por los débiles y advierte a los abusadores. El Señor ve el atropello del pequeño y no se queda callado. Para quien sufre injusticia, esto es un consuelo enorme: hay un Dios que mira y que defiende.

El Salmo lo confirma con palabras que muchos podrían hacer suyas: "¿Por qué te quedas lejos, Señor, en el momento del aprieto?". Es el grito del que se siente solo ante el poderoso. Pero el mismo salmo responde con una certeza: "Tú ves las penas y los trabajos, tú los tomas en tus manos; a ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano". Dios nunca se olvida de los humildes. Puede parecer que tarda, pero su mirada está fija en el que sufre.

Y entonces el Evangelio nos muestra cómo actúa Dios frente al poder que quiere aplastar. Los fariseos planean matar a Jesús, y Él no responde con violencia ni con gritos: "se marchó de allí" y siguió curando. Mateo lo describe con la profecía del Siervo de Isaías, en una de las frases más tiernas de la Biblia: "La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará". Así es nuestro Dios: cuando el mundo quiebra y descarta a los frágiles, Él los sostiene; cuando una luz está a punto de apagarse, Él la protege con la mano.

Qué consuelo para quien se siente "caña cascada" —cansado, enfermo, roto por la vida— o "mecha vacilante", con una fe que apenas tiembla. Jesús no te quiebra ni te apaga: te sostiene con ternura. Hoy la Orden de Predicadores recuerda a san Bartolomé de los Mártires, dominico, arzobispo y defensor incansable de los pobres. Y como es sábado, miramos a María, que magnificó al Dios que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes". Hoy, no quiebres tú la caña cascada de nadie: trata con ternura al frágil, defiende al que no puede defenderse, y, si tú eres hoy la caña cascada, déjate sostener por las manos de Dios.

— Oración —

Señor,
tú ves la injusticia que sufren los pequeños
y no te quedas callado.
No te olvides de los humildes,
defiende al que no puede defenderse.
Gracias porque eres el Siervo manso
que no quiebra la caña cascada
ni apaga la mecha vacilante.
Cuando me sienta roto y a punto de apagarme,
sostenme con tu mano.
Y hazme a mí como tú:
incapaz de aplastar al débil,
defensor del pobre, ternura para el frágil.
Madre María, que enalteces a los humildes,
enséñame a mirar como mira tu Hijo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

También hoy