Evangelio del día

Evangelio del Jueves 9 de julio

7 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Oseas 11, 1-4. 8c-9

Esto dice el Señor:

«Cuando Israel era joven, lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí:
sacrificaban a los baales,
ofrecían incienso a los ídolos.

Pero era yo quien había criado a Efraín,
tomándolo en mis brazos;
y no reconocieron que yo los cuidaba.

Con lazos humanos los atraje,
con vínculos de amor.
Fui para ellos como quien alza
un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él
para darle de comer.

Mi corazón está perturbado,
se conmueven mis entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios, y no hombre;
santo en medio de ustedes,
y no me dejo llevar por la ira».

Palabra de Dios.

— Salmo 79 —

R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece,
despierta tu poder y ven a salvarnos.

R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó,
y al hijo del hombre que tú has fortalecido.

R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

— Evangelio —
Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis recibieron, den gratis.

No lleven en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.

Cuando entren en una ciudad o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, salúdenla deseándole la paz; si la casa se lo merece, su paz vendrá a ella; si no se lo merece, la paz volverá a ustedes.

Si alguno no los recibe ni escucha sus palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudan el polvo de sus pies.

En verdad les digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».

Palabra del Señor.

— Reflexión —

La primera lectura de hoy es, sencillamente, una de las declaraciones de amor más hermosas que Dios nos hace en toda la Biblia. Habla como un padre y una madre a la vez, recordando con ternura los primeros pasos de su hijo: "Era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos… fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas, me incliné hacia él para darle de comer". Así te ha cuidado Dios a ti desde siempre, aunque no siempre lo hayas reconocido. Y cuando el pueblo le falla, Dios no estalla: "Se conmueven mis entrañas… porque soy Dios y no hombre, y no me dejo llevar por la ira". Su amor es más fuerte que su justo enojo. Esa es nuestra esperanza.

Es un amor totalmente gratuito: Dios nos amó primero, sin que lo mereciéramos, sin pedir nada a cambio. Y de esa gratuidad nace la frase clave del Evangelio: "Gratis recibieron, den gratis". Todo lo bueno que tenemos —la fe, la vida, el perdón, los talentos— lo hemos recibido como regalo. Por eso no podemos cobrarlo ni guardarlo para nosotros; estamos llamados a darlo con la misma generosidad con que lo recibimos. Quien ha experimentado el amor gratuito de Dios, no puede sino regalarlo.

Jesús envía a sus apóstoles ligeros de equipaje: sin oro, sin alforja, sin dos túnicas. No es desprecio de lo material, sino una lección de confianza y libertad: el que evangeliza no se apoya en sus recursos, sino en Dios. Cuántas veces nosotros nos cargamos de seguridades, de cosas que creemos imprescindibles, y se nos olvida que lo único necesario es llevar la paz: "Al entrar en una casa, salúdenla deseándole la paz". Qué hermosa misión: ser portadores de paz allí donde entramos, en casa, en el trabajo, en el barrio.

Hoy la Orden de Predicadores celebra a san Juan de Colonia y sus compañeros mártires, frailes y sacerdotes que dieron la vida antes que renegar de la Eucaristía y de la fe. Ellos lo dejaron todo, hasta la vida, porque habían entendido que lo recibido gratis se devuelve sin medida. No a todos se nos pide el martirio, pero a todos se nos pide gratuidad. Hoy, haz algo enteramente gratis por alguien, sin esperar nada: un favor, una visita, un perdón, una oración. Y al entrar a tu casa, lleva la paz, no la queja. Gratis lo recibiste; dalo gratis.

— Oración —

Señor,
gracias porque me amaste primero,
porque me alzaste en tus brazos
y te inclinaste hacia mí para darme de comer.
Tu corazón se conmueve y no me condena:
eres Dios, y no hombre, lento para la ira.
Enséñame a vivir tu gratuidad:
que lo que recibí gratis lo dé gratis,
sin cobrar, sin guardarlo solo para mí.
Hazme ligero de equipaje,
que no me apoye en mis seguridades, sino en ti.
Y al entrar en cada casa,
que lleve tu paz y no mi queja.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

También hoy