Evangelio del día

Evangelio del Lunes 6 de julio

7 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Oseas 2, 16. 17b-18. 21-22

Esto dice el Señor:

«Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto y le hablaré al corazón.

Ella me responderá allá, como cuando era joven, como el día en que salió de Egipto.

Aquel día —palabra del Señor— ella me llamará "Esposo mío", y no me volverá a decir "Baal mío".

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre. Nos uniremos en la justicia y la rectitud, en el amor constante y la ternura; yo te desposaré en la fidelidad, y entonces tú conocerás al Señor».

Palabra de Dios.

— Salmo 144 —

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Un día tras otro, Señor, bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte.
Muy digno de alabanza es el Señor,
por ser su grandeza incalculable.

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Cada generación a la que sigue
anunciará tus obras y proezas.
Se hablará de tus hechos portentosos,
del glorioso esplendor de tu grandeza.

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus criaturas.

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

— Evangelio —
Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo:
«Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir».

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: «Con solo tocar su manto, me curaré».

Jesús, volviéndose, la miró y le dijo:
«Hija, ten confianza; tu fe te ha curado».

Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas y el tumulto de la gente, y les dijo:
«Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida».

Y todos se burlaron de él.

En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y esta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.

Palabra del Señor.

— Reflexión —

La primera lectura de hoy es una de las páginas más conmovedoras del Antiguo Testamento. El profeta Oseas presenta a Dios no como un juez lejano, sino como un esposo enamorado que, a pesar de las infidelidades de su pueblo, no se cansa de buscarlo: "La conduciré al desierto y le hablaré al corazón". Qué imagen tan tierna. Dios no nos grita desde lejos sus reproches; nos lleva aparte, a solas, y nos habla al corazón con dulzura. Y promete algo increíble: "Yo te desposaré conmigo para siempre, en el amor constante y la ternura". Así te ama Dios a ti: con fidelidad de esposo, aunque tú a veces le falles.

Y ese amor que "habla al corazón" se hace gesto concreto en el Evangelio, en una escena doble llena de fe. Por un lado, un padre desesperado cuya hija acaba de morir; por otro, una mujer enferma desde hace doce años, cansada de médicos y de fracasos. Dos dolores muy humanos: el de un padre por su hija y el de una mujer por su propia salud. Y los dos se atreven a acercarse a Jesús con una confianza que conmueve.

Fíjate en la mujer. No se atreve ni a hablarle; piensa: "Con solo tocar su manto, me curaré". Y se acerca por detrás, humilde, escondida, y toca. Esa fe pequeña pero valiente es la que Jesús premia: se vuelve, la mira a los ojos —ella que llevaba doce años sintiéndose impura e invisible— y le dice una palabra preciosa: "Hija, ten confianza". La llama hija. La devuelve a la familia, a la dignidad, a la vida. A veces basta un gesto humilde de fe, un acercarse a tocar al Señor en la oración o en los sacramentos, para que Él se vuelva hacia nosotros.

Y con la niña, Jesús hace lo mismo que con cada uno: "la tomó de la mano y esta se levantó". Donde todos veían muerte, Él ve solo un sueño del que se puede despertar. Cuántas veces nuestra alma parece muerta —por el pecado, el desánimo, una pena larga— y Jesús viene, nos toma de la mano y nos levanta. Hoy, atrévete tú también: acércate a tocar su manto con un acto de confianza. Dile lo que llevas años arrastrando y déjate mirar como "hijo", como "hija". Y deja que te tome de la mano para levantarte.

— Oración —

Señor Jesús,
como la mujer enferma,
me acerco a ti en silencio,
confiando en que solo tocarte basta.
Vuélvete hacia mí y mírame,
dime también a mí: "Hija, ten confianza";
"hijo, ten confianza, tu fe te ha curado".
Tú que hablas al corazón en el desierto,
sáname por dentro las heridas viejas.
Y cuando mi alma parezca muerta,
toma mi mano y levántame,
como levantaste a la niña.
Despósame contigo para siempre
en el amor constante y la ternura.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

También hoy