Evangelio del día
Evangelio del Domingo 5 de julio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Zacarías 9, 9-10
Esto dice el Señor:
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos.
Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».
Palabra de Dios.
— Salmo 144 —
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
— Segunda Lectura —
Romanos 8, 9. 11-13
Hermanos:
Ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en ustedes.
Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si viven según la carne, morirán; pero si con el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán.
Palabra de Dios.
— Evangelio —
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El profeta Zacarías anuncia hoy un rey distinto a todos los que el mundo conoce. No llega sobre un caballo de guerra, con ejércitos y carros, sino "pobre y montado en un borrico". Es un rey que no viene a someter por la fuerza, sino a "proclamar la paz a los pueblos". Siglos después, Jesús entrará así en Jerusalén, montado en un pollino, cumpliendo esta profecía. Nuestro Dios reina desde la humildad y la mansedumbre; su poder no aplasta, abraza. Qué consuelo saber que el Señor del universo es, ante todo, manso de corazón.
Y es precisamente ese corazón el que se nos revela en el Evangelio, en una de las frases más tiernas que Jesús pronunció jamás: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré". No dice "vengan los perfectos" ni "los fuertes", sino los cansados, los que cargan pesos que ya no pueden con ellos. ¿Y quién no está cansado alguna vez? Cansados del trabajo, de la enfermedad, de los problemas de la familia, de cargar solos. A todos ellos —a ti hoy— Jesús les ofrece su regazo y su descanso.
Y aquí está el secreto: "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón". A los pequeños, a los humildes, Dios les revela lo que esconde a los sabios y soberbios. El orgullo nos cansa el doble, porque queremos cargarlo todo a fuerza de voluntad. La humildad, en cambio, sabe apoyarse en Dios. San Pablo nos lo recuerda: no estamos solos llevando la vida "según la carne", con nuestras pobres fuerzas; tenemos dentro el Espíritu de Dios, que da vida y aligera el camino. El descanso del alma nace de dejarnos llevar por ese Espíritu.
Jesús no nos promete una vida sin cruz, sino un "yugo llevadero". El yugo es ese madero que une a dos animales para que tiren juntos; y la buena noticia es que Jesús se pone a nuestro lado, bajo el mismo yugo, a tirar con nosotros. Por eso la carga se vuelve ligera: no la llevamos solos. Hoy, en la Misa dominical, descansa de verdad: entrégale al Señor eso que más te agobia esta semana. Y haz un gesto concreto: aligera la carga de alguien de tu familia, ayuda a quien está cansado, sé tú el "yugo amable" para otro. Quien descansa en Cristo, sabe dar descanso.
— Oración —
Señor Jesús,
rey manso y humilde de corazón,
vengo a ti cansado y agobiado,
con todo lo que cargo y ya no puedo solo.
Tú me dices: "Yo te aliviaré",
y me pongo en tus manos.
Enséñame tu mansedumbre y tu humildad,
para descansar en ti y no en mis fuerzas.
Que tu Espíritu me dé vida nueva
y aligere mi camino.
Ponte a mi lado bajo el mismo yugo,
para tirar juntos de la carga de cada día.
Y hazme capaz de aliviar a los que sufren.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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