Evangelio del día
Evangelio del Sábado 4 de julio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Amós 9, 11-15
Esto dice el Señor:
«Aquel día, levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré como antaño, para que posean el resto de Edom y todas las naciones sobre las cuales fue invocado mi nombre —oráculo del Señor, que hace todo esto—.
Vienen días —oráculo del Señor— cuando se encontrarán el que ara con el que siega, y el que pisa la uva con quien esparce la semilla; las montañas destilarán mosto y las colinas se derretirán.
Repatriaré a los desterrados de mi pueblo Israel; ellos reconstruirán ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino, cultivarán huertos y comerán sus frutos. Yo los plantaré en su tierra, que yo les había dado, y ya no serán arrancados de ella —dice el Señor, tu Dios—».
Palabra de Dios.
— Salmo 84 —
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón».
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
— Evangelio —
Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Después de tantos días de lecturas duras, con destierros y ruinas, hoy el profeta Amós termina con una explosión de esperanza. Dios promete: "Levantaré la cabaña caída de David, repararé sus brechas, restauraré sus ruinas". Y dibuja un futuro de abundancia: viñas que se plantan, huertos que dan fruto, montañas que destilan mosto. Es la última palabra de Dios sobre cada historia rota: la reconstrucción. Por más derrumbada que esté hoy tu vida, tu familia o tu fe, Dios es el que repara las brechas y restaura las ruinas. Él siempre tiene la última palabra, y esa palabra es vida.
El Evangelio nos trae una imagen luminosa: Jesús es el Esposo, y mientras Él está, no es tiempo de luto, sino de fiesta. El cristianismo no es una religión triste de prohibiciones, sino el gozo de saberse amado por un Dios que ha venido a desposarse con nosotros. Hay tiempos de ayuno y tiempos de fiesta, pero el fondo de todo es la alegría de su presencia. ¿Vivo mi fe como una carga pesada o como la dicha de saber que el Señor está conmigo?
Y entonces Jesús nos deja esa frase tan gráfica: "No se echa vino nuevo en odres viejos". El vino nuevo es su Evangelio, su novedad, su gracia. Y necesita odres nuevos, es decir, corazones renovados, capaces de dejarse cambiar. De nada sirve querer vivir el Evangelio con el corazón endurecido por la rutina, el rencor o la cerrazón. Dios quiere darnos algo nuevo cada día; lo único que pide es que no nos resistamos, que estiremos el odre viejo de nuestras costumbres para que quepa su novedad.
Hoy es sábado, día de la Virgen María, el odre nuevo por excelencia: ella supo acoger en su seno la mayor novedad de la historia, el mismo Hijo de Dios. Y la Iglesia recuerda también a san Pier Giorgio Frassati, aquel joven laico dominico, alegre y deportista, que vivió el Evangelio con frescura y entregó su vida a los pobres y enfermos. Él fue un "odre nuevo", lleno del vino de la alegría cristiana. Hoy, pídele a María un corazón flexible y joven, y haz un gesto nuevo: rompe una rutina que te endurece, perdona algo viejo, regala alegría a alguien. Deja que Dios te ponga vino nuevo dentro.
— Oración —
Señor Jesús, esposo de mi alma,
gracias porque tu Evangelio es vino nuevo
y tú quieres llenarme de tu alegría.
Hazme un odre nuevo:
ablanda lo que en mí se ha endurecido,
renueva mis costumbres cansadas,
quita el rencor y la rutina
que no dejan entrar tu novedad.
Que viva mi fe con gozo,
sabiéndome amado por ti.
María, llena de gracia,
enséñame a acoger lo nuevo de Dios
como lo acogiste tú.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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