Evangelio del día
Evangelio del Lunes 22 de junio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
2 Reyes 17, 5-8. 13-15a. 18
En aquellos días, avanzó Salmanasar, rey de Asiria, contra todo el país, comenzando por Samaría, a la que puso sitio durante tres años, hasta que, el año noveno de Oseas, el rey de Asiria la conquistó. Deportó a Israel a Asiria y lo estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, así como en las ciudades de los medos.
Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos.
Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá, por boca de todos los profetas y videntes:
«Conviértanse de sus malos caminos y guarden mis mandamientos y decretos, conforme a la ley que prescribí a sus padres y que les transmití por mano de mis siervos los profetas».
Pero no hicieron caso, manteniendo dura la cerviz como habían hecho sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Despreciaron así sus leyes y la alianza que estableció con sus padres, tanto como las exigencias que les impuso.
Y se encolerizó el Señor sobremanera contra Israel, apartándolos de su presencia.
Solo quedó la tribu de Judá.
Palabra de Dios.
— Salmo 59 —
R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas,
estabas airado, pero restáuranos.
R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo.
R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Oh, Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
— Evangelio —
Mateo 7, 1-5
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguen, para que no sean juzgados. Porque serán juzgados como juzguen ustedes, y la medida que usen, la usarán con ustedes.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».
Palabra del Señor.
— Reflexión —
La primera lectura es dura, pero muy honesta. El reino de Israel cae, es conquistado y deportado, y la Escritura no le echa la culpa solo a los ejércitos enemigos. La causa profunda fue otra: "mantuvieron dura la cerviz" y no quisieron escuchar. Dios les había enviado profeta tras profeta diciéndoles una sola cosa: "Conviértanse". Y ellos, una y otra vez, miraron hacia otro lado. A veces el mayor peligro de nuestra vida no es el enemigo de fuera, sino esa terquedad de dentro que se niega a cambiar.
¿Y qué nos endurece el corazón? Muchas veces, sin darnos cuenta, es la costumbre de mirar siempre los defectos de los demás. Por eso Jesús nos sacude hoy con esa imagen tan gráfica e incluso un poco cómica: andamos buscando la motita de polvo en el ojo del hermano, mientras cargamos una viga enorme en el nuestro. Qué fácil es ver lo que falla en el vecino, en la nuera, en el político, en el del trabajo; y qué difícil es reconocer lo que tenemos que cambiar nosotros mismos.
Jesús no nos prohíbe distinguir el bien del mal, ni nos pide ser ingenuos. Lo que condena es el juicio que condena, esa mirada amarga que se siente superior y descalifica al otro sin misericordia. "Hipócrita", nos llama con cariño firme, "sácate primero la viga". Y lo bonito es lo que dice después: solo cuando me limpio el ojo propio "veré claro" para ayudar de verdad al hermano. La corrección que nace del amor humilde sí construye; la que nace del orgullo solo hiere.
Hoy el Señor te invita a un examen sencillo y valiente. Piensa en esa persona que más te cuesta soportar, esa a la que sueles criticar. Antes de seguir señalándola, pregúntate: ¿qué viga llevo yo? Hoy, en lugar de un juicio, regala una disculpa, un silencio comprensivo o una palabra buena. Y cuando sientas que el corazón se te empieza a endurecer, no hagas como Israel: ablándalo enseguida, déjate corregir por Dios. Esa es la cerviz dócil que nos salva.
— Oración —
Señor,
tú conoces mi corazón mejor que yo.
Sabes cuántas veces juzgo a los demás
mientras no veo mis propias faltas.
Quítame la viga del ojo,
la del orgullo, la del rencor, la de la crítica fácil.
Dame una mirada limpia y misericordiosa,
como la tuya.
Ablanda mi cerviz cuando se endurezca,
hazme dócil a tu voz,
dispuesto siempre a convertirme.
Que antes de corregir sepa comprender,
y que antes de juzgar sepa amar.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

Oración del díaNueva cada mañana
Santo RosarioLos misterios de hoy