Evangelio del día
Evangelio del Domingo 14 de junio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Éxodo 19, 2-6a
En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.
Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo: "Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: 'Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios y cómo los he llevado sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecen y guardan mi alianza, serán mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa'".
Palabra de Dios.
— Salmo 99 —
R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Aclama al Señor, tierra entera,
sirvan al Señor con alegría,
entren en su presencia con vítores.
R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Sepan que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.
R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
— Segunda Lectura —
Romanos 5, 6-11
Hermanos:
Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.
¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.
— Evangelio —
Mateo 9, 36 – 10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, "como ovejas que no tienen pastor". Entonces dice a sus discípulos:
"La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies".
Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de paganos ni entren en las ciudades de Samaría, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Gratis lo han recibido, denlo gratis".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy estrenamos el Tiempo Ordinario en su pleno verdor. Pasaron las grandes solemnidades del ciclo pascual —Pentecostés, Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón— y entramos en este largo camino de los domingos verdes, donde la Iglesia nos invita a vivir el día a día con el Evangelio en la mano. Y para empezar este recorrido, la liturgia nos pone delante una palabra que es como una llave maestra de la fe cristiana: gratis. "Gratis lo han recibido, denlo gratis". Si entiendes esa palabra, entiendes todo. Y si no la entiendes, te perdiste lo central del cristianismo.
La primera lectura nos lleva al Sinaí. Israel está al pie de la montaña, recién salido de Egipto, todavía cansado del desierto. Y Dios le dice una cosa preciosa: "Los he llevado sobre alas de águila". Esa imagen es enorme. El águila, cuando enseña a volar a sus polluelos, los toma sobre sus alas y los sostiene hasta que ellos solos pueden hacerlo. Así nos trata Dios. Nos sostiene cuando no podemos. Nos lleva cuando no caminamos. Y luego le promete a Israel algo más enorme todavía: "Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa". Israel no se ganó esa elección; le fue regalada. Dios eligió a un pueblo pequeño, sin méritos especiales, porque le dio la gana de hacerlo. Gratis. Esa es la primera lección.
San Pablo, en la segunda lectura, lleva esa lógica a su clímax. "Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos". Mira esa frase. Cristo no murió por nosotros cuando éramos buenos. Murió por nosotros cuando éramos pecadores, cuando éramos enemigos suyos. Es decir: Dios no esperó a que nos arregláramos para amarnos. Nos amó primero, así como estábamos, en el peor momento. Si tú hoy sientes que no eres digno del amor de Dios, escucha bien a Pablo: Dios te ama precisamente ahí, en lo que crees indigno. Antes de que te convirtieras, antes de que rezaras una sola oración, antes de que entendieras nada. Cristo ya había muerto por ti. Ese amor previo es lo que la teología llama gracia. Y por eso, hermano, eres lo que eres por gracia. Todo es gracia.
En el Evangelio, Jesús ve a las multitudes y se compadece: "Estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor". Esa mirada del Señor es una mirada que sigue funcionando hoy. Mira nuestras ciudades, nuestras familias divididas, nuestros barrios donde tantos niegan a Dios sin haberlo conocido nunca. Cristo se sigue compadeciendo. Y por eso pide oraciones: "Rueguen al Señor de la mies que mande trabajadores". Y luego envía a los Doce con una frase que es un programa de vida: "Gratis lo han recibido, denlo gratis". Si tú has recibido la fe gratis, no la cobres. Si te han enseñado a rezar sin pagar, enseña sin cobrar. Si Dios te ha perdonado sin condiciones, perdona también tú sin condiciones. La fe cristiana no es un negocio. Es una herencia que se transmite. Hoy, al ir a Misa con tu familia, mira a quienes tienes al lado: tu cónyuge, tus hijos, tus padres ancianos. Pregúntate qué has recibido gratis de Dios que aún no le has dado gratis a ellos. Y empieza este Tiempo Ordinario haciendo de tu casa una pequeña réplica de aquella primera comunidad enviada por Jesús: gente que recibió gratis y dio gratis. Eso es Reino. Eso es vivir el Evangelio.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy me regalas una palabra
que quiero llevar conmigo toda la semana:
gratis.
Gratis recibí mi vida.
Gratis recibí mi bautismo.
Gratis recibí la familia que me diste,
las personas que me enseñaron a quererte,
los sacerdotes que me han confesado,
los amigos que me han sostenido en los peores días.
Todo gratis, Señor.
Todo gracia.
Y a veces se me olvida.
A veces vivo como si yo me hubiera ganado todo,
como si yo fuera el dueño,
como si los dones que tengo fueran méritos míos.
Perdóname.
Y enséñame a vivir
en la gratuidad cristiana.
Cuando me sienta tentado a creer
que no soy digno de tu amor,
recuérdame las palabras de san Pablo:
me amaste cuando aún era pecador.
Me amaste sin condiciones.
Me amaste antes de que yo te buscara.
Si todavía estoy aquí
es porque tu amor no se cansó de mí.
Y si yo recibí tanto gratis,
ayúdame a dar también gratis.
A mi cónyuge,
a mis hijos,
a mis padres,
a mis hermanos,
a quienes viven conmigo
y a quienes están lejos pero siguen siendo mi sangre,
a quienes me cuestan
y a los que me quieren con facilidad.
Que mi amor no tenga factura.
Que mi perdón no tenga condiciones.
Que mi paciencia no se cobre con reproches.
Que mi tiempo no se mida con relojes.
Y en esta Misa de hoy, Señor,
te entrego a mi familia.
A los que están conmigo en el banco
y a los que no quisieron venir.
A los que aún creen
y a los que se alejaron.
Te ofrezco a cada uno por su nombre,
sabiendo que tu compasión es más grande
que las muchedumbres extenuadas de hoy.
Manda, Señor, trabajadores a tu mies.
Mándalos a mi país, a mi diócesis, a mi parroquia.
Y si me mandas también a mí,
ya sea con palabras o con silencios,
con una sonrisa amable
o con un servicio sin nombre,
hazme un obrero pequeño y fiel.
Que sepa, sobre todo, una cosa:
que lo que doy
no es mío.
Es tuyo.
Es regalo.
Gratis lo recibí.
Gratis lo doy.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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