Evangelio del día
Evangelio del Lunes 8 de junio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
1 Reyes 17, 1-6
En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: "Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca".
La palabra del Señor llegó a Elías, diciendo: "Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit, frente al Jordán. Habrás de beber sus aguas, y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento".
Fue a establecerse en el torrente de Querit, frente al Jordán, procediendo según la palabra del Señor. Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y lo mismo al atardecer; y bebía del torrente.
Palabra de Dios.
— Salmo 120 —
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
— Evangelio —
Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
"Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
"Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
"Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
"Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
"Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
"Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
"Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
"Bienaventurados ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy comenzamos una semana nueva, la décima del Tiempo Ordinario, y la liturgia nos ofrece dos cambios importantes en las lecturas. La primera lectura nos lleva al Antiguo Testamento, a uno de los grandes profetas: Elías. Y el Evangelio nos lleva al inicio del Sermón de la Montaña, en el evangelio de san Mateo, con las Bienaventuranzas. Es como si la liturgia nos diera dos columnas para empezar la semana: el coraje de un profeta y la sabiduría del Maestro.
Elías es uno de los personajes más fascinantes de la Biblia. Aparece de pronto, sin presentación, plantándose ante un rey idólatra para anunciarle que no lloverá hasta que él lo diga. Y se va a esconder al torrente de Querit, donde los cuervos le traen pan y carne cada día. Mira esta imagen. Dios alimenta a su profeta a través de cuervos. Los cuervos eran aves consideradas impuras en aquella cultura. Y, sin embargo, son ellos los que cuidan a Elías. Dios usa medios inesperados para sostener a los suyos. Cuando uno cumple la misión de Dios, no le falta lo necesario; puede que no llegue por donde uno esperaba, pero llega. Hoy, si estás pasando un momento de provisión escasa, mira al cielo y confía: tu Dios sigue siendo el Dios de Elías.
El Evangelio es las Bienaventuranzas, el discurso más famoso de Jesús. Y mira la imagen: Jesús sube al monte, se sienta como un nuevo Moisés, abre la boca y promulga la nueva Ley. Pero en lugar de "no harás esto, no harás aquello", abre con ocho declaraciones de felicidad. "Bienaventurados los pobres en el espíritu... los mansos... los que lloran... los misericordiosos... los limpios de corazón... los que trabajan por la paz". Es una visión revolucionaria de la felicidad. El mundo dice que es feliz el rico, el fuerte, el alegre, el vengativo, el cínico, el competitivo. Jesús dice exactamente lo contrario.
Las Bienaventuranzas no son un código moral; son un retrato. Son el rostro de Jesús puesto en palabras. Él fue pobre en el espíritu, manso, lloró, tuvo hambre de justicia, fue misericordioso, fue limpio de corazón, trabajó por la paz, fue perseguido. Quien quiera ser feliz como Cristo, debe parecerse a Cristo. Y hoy es un buen día para preguntarte cuál Bienaventuranza te toca a ti más directamente en este momento de tu vida. ¿La de los pobres? ¿La de los que lloran? ¿La de los misericordiosos? Quédate con esa, llévatela durante el día, y verás que el Espíritu te va indicando el camino.
Hoy la Orden de Predicadores celebra a las Beatas Diana y Cecilia, las primeras dominicas directamente relacionadas con santo Domingo. Cecilia fue testigo presencial de muchas escenas de la vida del Padre Domingo y nos dejó testimonios preciosos. Diana fue mujer apasionada que abandonó una vida noble por Cristo y fundó el monasterio de Bolonia. Son dos mujeres de las Bienaventuranzas. Mujeres que renunciaron a la riqueza por amor, que sufrieron incomprensión familiar, que dieron la vida por el Evangelio. Hoy pídeles que también tú, en tu vida ordinaria, sepas vivir como bienaventurado: no buscando lo que el mundo aplaude, sino lo que Cristo bendice.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy abro la semana
escuchándote en el monte de las Bienaventuranzas.
Y, sinceramente, Señor,
me cuesta entenderte.
Yo busco la felicidad por otros caminos:
quiero tener más, no menos.
Quiero defender lo mío,
no ser manso.
Quiero reír,
no llorar.
Quiero que se haga mi justicia,
no la tuya.
Quiero seguridad,
no persecución por tu nombre.
Y tú me dices:
"Por ahí no llegas a la felicidad verdadera.
Por ahí solo encuentras la sombra de la felicidad.
La verdadera felicidad es la que yo viví,
y es la que yo te ofrezco".
Hazme docil al Sermón de la Montaña.
No me dejes pasar las páginas
como quien lee una poesía bonita.
Detenme en cada Bienaventuranza
y pregúntame, una por una,
si me estoy pareciendo a ti en eso.
¿Soy pobre en el espíritu?
¿Soy manso cuando alguien me hiere?
¿Lloro con los que lloran?
¿Tengo hambre de tu justicia,
no de la mía?
¿Soy misericordioso con los que fallan?
¿Tengo limpio el corazón?
¿Trabajo por la paz
o sigo alimentando conflictos pequeños?
¿Acepto que me incomprendan por tu nombre?
Pónme tareas concretas hoy,
Señor.
Una Bienaventuranza, una sola,
para hoy.
La que tú elijas.
Como a Elías,
mándame también a mí cuervos
que me lleven el pan que necesito.
Que no me preocupe yo del cómo.
Que mi único trabajo
sea obedecer tu palabra
y dejar que tú proveas.
Por intercesión de las Beatas Diana y Cecilia,
primeras hijas de santo Domingo,
mujeres de Bienaventuranza,
hazme también a mí cristiano
de las Bienaventuranzas vividas.
No de los códigos cumplidos,
sino del corazón parecido al tuyo.
Y al final de la jornada,
cuando recoja lo que ha sido este lunes,
quiero poder mirarte y decir:
"Hoy, Señor, fui un poco más como tú".
Eso es suficiente.
Eso es bienaventuranza.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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