Evangelio del día
Evangelio del Lunes 1 de junio
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
2 Pedro 1, 1-7
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros.
A ustedes, gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, sean ustedes partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición.
En vista de ello, pongan todo empeño en añadir a su fe la virtud; a la virtud, el conocimiento; al conocimiento, la templanza; a la templanza, la paciencia; a la paciencia, la piedad; a la piedad, el cariño fraterno; y al cariño fraterno, el amor.
Palabra de Dios.
— Salmo 90 —
R. Dios mío, confío en ti.
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti".
R. Dios mío, confío en ti.
"Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre;
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación".
R. Dios mío, confío en ti.
"Lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación".
R. Dios mío, confío en ti.
— Evangelio —
Marcos 12, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:
"Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
"A su tiempo, envió un criado a los labradores, para recibir su parte del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías.
"Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o mataron.
"Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.
"Pero los labradores se dijeron: 'Este es el heredero. Vengan, lo matamos y será nuestra la herencia'. Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
"¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
"¿No han leído aquel texto de la Escritura: 'La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente'?".
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Comenzamos hoy la lectura de la segunda carta de san Pedro, una de las más breves del Nuevo Testamento pero llena de fuerza. Y en sus primeras líneas Pedro nos lanza una invitación enorme: "Sean partícipes de la naturaleza divina". Detente en esa frase. Tú y yo estamos llamados a participar de la naturaleza de Dios. No solo a vivir cerca de él, no solo a oírlo, sino a participar de su misma vida divina. Eso es lo que la Iglesia llama gracia santificante. Y eso es lo que el Bautismo derramó en nosotros desde niños. La fe cristiana es más grande de lo que normalmente imaginamos.
Y san Pedro, que era pescador, no se queda en la contemplación abstracta. Nos da una escalera práctica: a la fe, añadan virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, templanza; a la templanza, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, cariño fraterno; y al cariño fraterno, amor. Siete escalones para subir. Cada uno crece sobre el anterior. No empieces por arriba; empieza por tu fe sencilla, y deja que ella te lleve a una virtud concreta, y de ahí a buscar conocer más a Cristo. Así se construye una vida cristiana sólida.
Hoy también celebramos a san Justino, filósofo y mártir del siglo segundo. Es un santo importantísimo porque fue uno de los primeros que defendió la fe cristiana usando la razón, escribiendo cartas a los emperadores paganos para explicarles que los cristianos no eran enemigos del Estado, sino los mejores ciudadanos. Y nos dejó la primera descripción detallada de la Misa que tenemos en la historia. Su vida nos enseña algo precioso: la fe cristiana no es enemiga de la razón. Si dudas, busca; si buscas, encontrarás. San Justino lo dice con su sangre: vale la pena morir por una verdad tan luminosa.
El Evangelio nos pone la parábola de los viñadores asesinos. Es una parábola que dolió a los que la escucharon, porque ellos eran los viñadores. Pero también nos interpela a nosotros. Dios nos ha confiado su viña: tu familia, tu trabajo, tu parroquia, tu tiempo, tu fe. No es tuya; te ha sido prestada. Y un día Dios vendrá a ver qué fruto ha producido. Mira lo que se repite en la parábola: el dueño no envía verdugos a recoger por la fuerza, envía siervos, y al final envía a su Hijo amado. Dios no fuerza, suplica. Pide poco, y nosotros a veces le damos menos que poco. Hoy, gracias a esta parábola, pregúntate: ¿qué viña me ha confiado el Señor? ¿Y qué fruto le estoy dando?
— Oración —
Señor Jesús,
hoy comienza un mes nuevo,
junio,
y tu palabra me sorprende
con una invitación enorme:
"sean partícipes de la naturaleza divina".
¿Yo, Señor?
¿Yo, con mis limitaciones,
con mis distracciones,
con mis viejos vicios
que aún no logro corregir,
partícipe de tu naturaleza divina?
Sí, dices tú.
Por la fe, por el Bautismo,
por la gracia derramada,
soy ya hijo en el Hijo,
miembro de tu cuerpo,
templo de tu Espíritu.
Aunque a veces no lo recuerde,
aunque a veces no lo viva,
esa es mi dignidad
y no me la quita nadie.
Hazme subir esa escalera de san Pedro:
de la fe a la virtud,
de la virtud al conocimiento,
del conocimiento a la templanza,
de la templanza a la paciencia,
de la paciencia a la piedad,
de la piedad al cariño fraterno,
y del cariño al Amor.
Sube conmigo, Señor.
No me dejes detenerme
en los peldaños bajos.
Por intercesión de san Justino,
filósofo y mártir,
hazme amar la verdad
sin miedo a buscarla,
sin miedo a defenderla,
sin miedo a vivirla
aunque me cueste alguna cosa.
Y dame, Señor,
ojos para ver
qué viña me has confiado.
Mi familia, mi trabajo,
mis relaciones, mi tiempo,
mi pequeño rincón del mundo.
Que no me crea dueño de lo que solo administro.
Y que cuando vengas a buscar fruto,
encuentres uvas reales,
no solo hojas bonitas.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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