Evangelio del día

Evangelio del Sábado 30 de mayo

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Judas 17. 20b-25

Queridos hermanos:

Acuérdense de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Basándose en su santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna.

Tengan compasión con los que titubean; a unos sálvenlos arrancándolos del fuego; a otros muéstrenles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio.

Al que puede preservarlos de tropiezos y presentarlos intachables y exultantes ante su gloria, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y la majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

— Salmo 62 —

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Aleluya.

¡Cómo te contemplaba en el santuario,
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Aleluya.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Aleluya.

— Evangelio —
Marcos 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras este paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?".

Jesús les replicó: "Les voy a hacer una pregunta y, si me contestan, les diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Contéstenme".

Se pusieron a deliberar: "Si decimos que es del cielo, dirá: '¿Y por qué no le creyeron?'. ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?". Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.

Y respondieron a Jesús: "No sabemos".

Jesús les replicó: "Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto".

Palabra del Señor.

— Reflexión —

El Evangelio de hoy es breve pero certero. Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercan a Jesús y le hacen la pregunta del control: "¿Con qué autoridad haces esto?". No es una pregunta sincera. Es una trampa. Quieren cazarlo en una respuesta para acusarlo. Jesús, que conoce los corazones, no responde como ellos esperan. Les hace una pregunta a cambio sobre Juan el Bautista. Y ellos, que no buscan la verdad sino el cálculo, prefieren no contestar. "No sabemos". Entonces Jesús los suelta: "Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto".

Hay aquí una lección enorme sobre cómo Dios trata con los corazones. Dios no rompe un diálogo; los corazones cerrados lo rompen. Si tú quieres preguntarle a Dios con sinceridad, encontrarás respuestas. Si lo quieres usar para confirmar tus prejuicios, no encontrarás nada. Por eso la oración de los corazones limpios siempre da fruto: pide, busca, llama, y Dios abre. Pero el cálculo nunca recibe luz. Hoy te invito a revisar tu manera de orar. ¿Le preguntas a Dios para escucharlo, o le preguntas para encontrar el argumento que ya traes preparado?

San Judas, en la primera lectura, nos da consejos preciosos para vivir como cristianos en medio de un mundo donde sí abunda el cálculo. "Edifíquense sobre su santísima fe", dice. "Oren movidos por el Espíritu Santo. Manténganse en el amor de Dios". Tres pilares: fe, oración, amor. Sobre eso se construye una vida cristiana auténtica. Y luego, "tengan compasión con los que titubean". No con los que niegan la fe agresivamente, sino con los que dudan, con los que están cansados, con los que necesitan una mano amiga. Esa compasión es la que distingue al cristiano.

Hoy es sábado, día consagrado a la Virgen María. Y María, con su sí libre, es lo opuesto al "no sabemos" de los sumos sacerdotes. Donde ellos calculan, ella confía. Donde ellos buscan dominar, ella obedece. Donde ellos cierran su corazón, ella lo abre del todo. María nunca le hizo a Dios la pregunta del control. Su única pregunta fue: "¿Cómo será esto?". Una pregunta de quien quiere comprender para colaborar, no de quien quiere atrapar. Hoy pídele a la Virgen ese corazón sencillo, dispuesto, sin trampa. Y pídele también su intercesión por los corazones de tu familia que aún titubean. María, antes que nadie, sabe esperar el sí de los hijos.

— Oración —

Señor Jesús,
quiero acercarme a ti con un corazón sincero.
No quiero ser de los que te preguntan
solo para cazarte en una respuesta.
No quiero usar tu Palabra
para confirmar lo que yo ya pensaba.
Quiero escucharte de verdad,
aunque me digas cosas que me incomoden,
aunque me cambies el plan,
aunque me corrijas con cariño.

Hazme cristiano de preguntas sinceras,
no de cálculos disimulados.

San Judas me deja hoy tres palabras
para edificar mi vida:
fe, oración, amor.
Tres columnas firmes.
Hazme fuerte sobre ellas.
Que no se caiga lo que tú vas construyendo en mí.

Y dame el corazón compasivo
con los que titubean.
Con los miembros de mi familia
que aún no creen, o que ya no rezan,
o que se alejaron hace tiempo.
No me hagas duro con ellos.
Hazme un Cristo pequeño en sus vidas:
paciente, esperante, sin presión,
con el silencio que invita
más que con la palabra que empuja.

Virgen María,
mujer del sí libre y limpio,
en este sábado tuyo
te pido el regalo más grande:
un corazón como el tuyo.
Sin doblez, sin cálculo,
abierto a Dios sin reservas.

Y también te pido por los que aún titubean
en mi familia, en mi círculo cercano.
Tú, que conoces la espera de un sí
desde el día en que Jesús quedó concebido en ti,
intercede por ellos.
Mantenles vivo el deseo de buscar.
Y dame a mí, mientras tanto,
la paciencia de no apurar,
la ternura de no juzgar,
y la fe de saber
que tú estás trabajando
incluso en los corazones más cerrados.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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