Evangelio del día

Evangelio del Sábado 23 de mayo

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Hechos 28, 16-20. 30-31

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.

Tres días después, convocó a los judíos principales, y, cuando se reunieron, les dijo:

"Hermanos, yo, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, los he llamado para verlos y hablar con ustedes; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas".

Pablo permaneció allí un bienio completo en una casa que tenía alquilada, y recibía a todos los que acudían a verlo, predicándoles el Reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo alguno.

Palabra de Dios.

— Salmo 10 —

R. Los buenos verán tu rostro, Señor. Aleluya.

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

R. Los buenos verán tu rostro, Señor. Aleluya.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo aborrece.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

R. Los buenos verán tu rostro, Señor. Aleluya.

— Evangelio —
Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?".

Al verlo, Pedro le dice a Jesús: "Señor, y este, ¿qué?".

Jesús le contesta: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme".

Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa?".

Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir.

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Hoy terminamos juntos el libro de los Hechos de los Apóstoles y también el Evangelio de san Juan. La liturgia ha sido sabia: nos lleva al final de las dos grandes obras paulinas y joánicas en la víspera misma de Pentecostés. Y ese final tiene un sabor maravilloso: Pablo, en Roma, sigue predicando "con toda libertad, sin estorbo alguno". Juan, al cerrar su Evangelio, confiesa que el mundo entero no podría contener todo lo que Jesús hizo. Mañana se desborda el Espíritu sobre la Iglesia. Hoy, la liturgia nos prepara con una promesa: la obra de Cristo nunca termina. Ni en Roma, ni en Jerusalén, ni en tu ciudad. Cristo sigue obrando.

Mira lo que pasa en el Evangelio. Pedro, después de oír de Jesús el anuncio de su martirio, se vuelve y ve al discípulo amado y le pregunta: "Señor, y este, ¿qué?". Es una pregunta tan humana, tan nuestra. Vemos la cruz que a nosotros nos toca y enseguida nos preguntamos por la cruz de los demás. Y Jesús lo corta con dulzura: "¿A ti qué te importa? Tú sígueme". No te compares. Cada uno tiene un camino. El tuyo te lo daré yo. Si miras a los lados, perderás el paso. Quédate conmigo. Esa es tal vez la palabra más liberadora del Evangelio de hoy: "Tú sígueme", sin mirar lo que le pasa al otro.

Y luego viene esa frase preciosa con que cierra Juan su Evangelio: "Muchas otras cosas hizo Jesús". El Evangelio escrito no agota a Jesús. Lo que tienes en la Biblia es solo una muestra del corazón de Cristo. Hay muchas cosas que él hizo que no se escribieron. Y hay muchas cosas que él sigue haciendo en este mismo momento, en tu vida, en la de tu familia, en el mundo entero. Tu fe no se reduce a leer un libro; tu fe es conocer a una Persona viva que sigue obrando aunque no veas la página donde se cuenta.

Hoy es sábado, día de la Virgen María. Y en este sábado, mientras el cielo se prepara para mañana, conviene mirarla. Ella está hoy en el cenáculo con los apóstoles, en oración, esperando. La novena del Espíritu Santo está terminando. Si has rezado contigo a María estos días, hoy es el momento de levantar los ojos y decirle: "Madre, prepárame el corazón para mañana. Que cuando descienda el Espíritu, me encuentre listo". Y deja que ella, que recibió al Espíritu desde la Anunciación, te lo prepare a ti como solo una madre sabe hacerlo.

— Oración —

Señor Jesús,
mañana es Pentecostés.
Falta poco
para que tu Espíritu Santo
descienda sobre la Iglesia
y, también, sobre mi vida.

Quiero llegar preparado.
Sin equipaje innecesario,
sin distracciones pesadas,
sin esa costumbre tan mía
de mirar a los lados
para ver qué hacen los otros.

Hoy me dices, como a Pedro:
"¿A ti qué te importa? Tú sígueme".
Y necesitaba esa palabra.
Porque tantas veces
comparo mi camino con el del vecino,
mis pruebas con las del hermano,
mi familia con la de la amiga.
Y se me va la paz.

Hazme dócil, Señor.
Que tu camino para mí
me baste,
aunque sea distinto al de otros.
Que tu cruz, la que me toca,
la cargue sin envidiar las cruces ajenas.
Que tu gracia, la que tú me das,
me sepa a más que la de cualquiera.

María, Madre,
en este sábado anterior a Pentecostés
te encuentro en el cenáculo,
con los apóstoles asustados todavía,
con Pedro humillado pero perdonado,
con Juan abrazándote en silencio.
Tú ya recibiste al Espíritu
desde la Anunciación;
ahora préstanos tu fuerza
para esperarlo con tu paz.

Prepara mi corazón, Madre.
Que cuando mañana descienda
el Espíritu sobre la Iglesia,
me encuentre listo
como te encontró a ti:
con humildad,
con disponibilidad,
con un sí discreto y firme.

Y ayúdame a creer
que la obra de Cristo en mi vida
todavía no se ha escrito entera.
Hay muchas cosas que él hará en mí,
muchos capítulos por venir,
páginas que ni yo imagino.
Por eso confío.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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