Evangelio del día
Evangelio del Lunes 18 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 19, 1-8
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró a unos discípulos y les preguntó: "¿Recibieron el Espíritu Santo cuando aceptaron la fe?"
Le respondieron: "Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo".
Él les preguntó: "Entonces, ¿qué bautismo recibieron?"
Respondieron: "El bautismo de Juan".
Pablo les dijo: "Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciéndole al pueblo que creyera en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús".
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. Cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba allí con toda libertad sobre el Reino de Dios, dialogando y tratando de persuadirlos.
Palabra de Dios.
— Salmo 67 —
R. Reyes de la tierra, canten a Dios. Aleluya.
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
R. Reyes de la tierra, canten a Dios. Aleluya.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Canten a Dios, toquen para su nombre,
su nombre es el Señor.
R. Reyes de la tierra, canten a Dios. Aleluya.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios habita en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
R. Reyes de la tierra, canten a Dios. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten. Por eso creemos que has salido de Dios".
Jesús les contestó: "¿Ahora creen? Pues miren: está por llegar la hora, mejor dicho, ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
"Les he hablado de esto para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán luchas, pero tengan ánimo: yo he vencido al mundo".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El Evangelio de hoy termina con una de las frases más fuertes y consoladoras del Nuevo Testamento: "En el mundo tendrán luchas, pero tengan ánimo: yo he vencido al mundo". Mira lo realista que es Jesús. No nos miente. No nos promete una vida sin problemas. Nos dice claramente: van a tener luchas. Lo que cambia con él no es la cantidad de problemas; es quién pelea contigo y por ti. Cristo ya venció lo que nosotros todavía estamos peleando. Y esa es la fuente de toda nuestra paz.
Fíjate en el detalle delicado de la conversación. Los discípulos se entusiasman: "Ahora sí creemos que has salido de Dios". Y Jesús, que conoce los corazones, les responde con una pregunta tierna: "¿Ahora creen?". No los reprocha. Les avisa con anticipación: "Llegará la hora en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo". Está hablando del momento del huerto de los Olivos, cuando todos huyeron. Pero enseguida añade lo más conmovedor: "Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo". Cristo nunca está solo. Y por eso nosotros tampoco.
En la primera lectura aparece una escena fascinante en Éfeso. Pablo encuentra a unos discípulos y, en cuanto les pregunta por el Espíritu Santo, ellos le responden algo que podría ser nuestra respuesta hoy: "Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo". Cuántos cristianos bautizados hay así, ¿verdad? Saben de Jesús, saben de Dios Padre, pero el Espíritu Santo es para ellos una vaga rareza, "el de la paloma" en los cuadros. Pablo les explica, los bautiza, les impone las manos, y ahí pasa: "Vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar". El Espíritu no es decoración; es fuego que enciende.
Estamos en la cuenta atrás de Pentecostés. Faltan menos de seis días. Y el Evangelio nos prepara: van a venir luchas, pero Cristo ya venció. La pregunta hoy no es si tendrás dificultades; las tendrás. La pregunta es: ¿estás dejando que el Espíritu Santo te llene? Si tu fe se siente apagada últimamente, si rezas pero no sientes nada, si vas a Misa por costumbre y no por amor, hoy es un buen día para pedirle al Espíritu Santo que vuelva a soplar fuerte. Como aquellos doce de Éfeso: tal vez nunca se lo hayas pedido en serio. Hazlo hoy. Ven, Espíritu Santo. Llena este corazón mío.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy me dejas grabada en el alma
una de tus frases más firmes:
"En el mundo tendrán luchas,
pero tengan ánimo:
yo he vencido al mundo".
Cuando lleguen las luchas
—que llegarán, lo sé—
recuérdame esta verdad:
no estoy solo,
y tú ya venciste.
A veces me sorprendo dispersándome,
como tus discípulos aquella noche.
Cuando viene la prueba, huyo;
cuando arrecia el miedo, me escondo;
cuando me toca defender mi fe, callo.
Perdóname.
Y enséñame a quedarme,
como tú te quedaste,
con el Padre dentro,
sin perder la paz.
Espíritu Santo,
ven hoy sobre mí
como viniste sobre aquellos doce de Éfeso.
Tal vez yo también
te he tenido lejos sin darme cuenta.
Tal vez también
he vivido como si tú no existieras.
Hoy quiero pedirte explícitamente:
ven sobre mí,
sopla fuerte sobre esta vida mía,
enciende lo que está apagado,
mueve lo que está estancado.
Estoy en cuenta atrás hacia Pentecostés.
Quiero llegar preparado.
Hazme uno de los del cenáculo,
junto a María y los apóstoles,
esperando con confianza tu venida.
En el mundo tendré luchas,
sí.
Pero tú has vencido,
y eso me basta.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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