Evangelio del día
Evangelio del Sábado 16 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 18, 23-28
Después de pasar algún tiempo en Antioquía, Pablo emprendió un viaje recorriendo en orden la región de Galacia y Frigia, animando a todos los discípulos.
Por aquellos días, llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Había sido instruido en el camino del Señor y, lleno de fervor, hablaba y enseñaba con exactitud lo que se refería a Jesús, aunque solo conocía el bautismo de Juan.
Apolo se puso a hablar con valentía en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, se lo llevaron y le explicaron con más precisión el camino de Dios.
Como Apolo quería pasar a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran bien. Cuando llegó allí, ayudó mucho, por la gracia, a los que habían creído, pues refutaba con vigor en público a los judíos, demostrando con las Escrituras que Jesús es el Mesías.
Palabra de Dios.
— Salmo 46 —
R. Dios es el rey del mundo. Aleluya.
Pueblos todos, batan palmas,
aclamen a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es admirable,
emperador de toda la tierra.
R. Dios es el rey del mundo. Aleluya.
Porque Dios es el rey del mundo:
toquen con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
R. Dios es el rey del mundo. Aleluya.
Los príncipes de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es el Altísimo.
R. Dios es el rey del mundo. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 16, 23b-28
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que cualquier cosa que pidan al Padre en mi nombre, él se la dará. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan, y recibirán, para que su alegría sea completa.
"Les he hablado de estas cosas con figuras. Pero llega la hora en que ya no les hablaré con figuras, sino que les anunciaré claramente lo referente al Padre. En aquel día ustedes pedirán en mi nombre, y no les digo que yo le rogaré al Padre por ustedes, pues el Padre mismo los ama porque ustedes me han amado y han creído que yo salí de Dios.
"Salí del Padre y vine al mundo, y ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hay una frase del Evangelio de hoy que merece ser leída despacio: "El Padre mismo los ama". No dice Jesús: "Yo le pediré al Padre por ustedes y él, por mí, los amará". Dice: "El Padre mismo los ama". Directo. Sin intermediarios. Por mérito propio en él. Es decir, el Padre tiene amor para ti exactamente como tiene amor para Jesús. No es un amor heredado de segunda mano; es un amor original, dirigido directamente a tu nombre.
Y nos da las dos razones: "Porque ustedes me han amado y han creído que yo salí de Dios". El Padre se enamora de quien se enamora de su Hijo. Si tienes a Jesús en el corazón, ya tienes al Padre adentro. No necesitas conseguir más. Por eso te invita Jesús con tanta confianza a pedir: "Pidan, y recibirán, para que su alegría sea completa". Pedir en nombre de Jesús no es una fórmula mágica; es pedir desde el corazón de Cristo, sabiéndote escuchado por el Padre.
En la primera lectura aparece una pareja preciosa: Priscila y Áquila. Son matrimonio. Trabajan juntos. Acompañan a Pablo. Y cuando llega a la sinagoga un predicador joven y elocuente llamado Apolo, ellos lo escuchan con atención. Notan que entiende, pero le falta algo. ¿Qué hacen? "Se lo llevaron y le explicaron con más precisión el camino de Dios". Sin alarde. Sin humillarlo en público. Lo invitan a su casa, lo escuchan, lo completan. Esa es la pedagogía cristiana del corazón.
Hoy es sábado, día dedicado a la Virgen María. Y María, en muchos sentidos, es la Madre que sigue haciendo lo que hacían Priscila y Áquila: nos toma con cariño, nos lleva aparte, y nos completa lo que aún no entendemos del camino de Dios. Cada Avemaría es una conversación íntima en la casa de María. Hoy, dedícale unos minutos a tu Madre del cielo. Cuéntale lo que tienes en el corazón. Pídele al Padre, en nombre de Jesús, lo que necesitas. Y deja que la alegría de la que habla el Evangelio empiece a llenar el espacio que aún tienes vacío.
— Oración —
Padre Bueno,
Jesús me enseñó hoy una verdad
que cuesta creer del todo:
"El Padre mismo los ama".
Tú me amas directamente,
sin intermediarios,
con un amor original
que no depende de mis méritos
sino de tu corazón.
Quiero pedirte hoy
con la confianza de un hijo querido.
No pido cosas grandes,
pido cosas reales:
sabiduría para mis decisiones,
paz en mi familia,
salud para los que sufren,
luz para los que buscan,
consuelo para los que lloran.
Confío en que escuchas.
Y confío en que tu respuesta
siempre será la mejor,
aunque a veces tarde,
aunque a veces se vea distinta
de lo que yo pensé pedir.
Que mi alegría sea completa,
como tú prometiste,
no porque todo se resuelva como yo quiero,
sino porque tú estás conmigo
en el desenlace que decidas.
Y María, Madre del cielo,
en este sábado tuyo,
abre la puerta de tu casa
y déjame conversar contigo un rato.
Como Priscila y Áquila hicieron con Apolo,
toma mi vida aparte,
explícame con paciencia
lo que aún no termino de entender
del camino de tu Hijo.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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