Evangelio del día
Evangelio del Miércoles 13 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 17, 15. 22 — 18, 1
En aquellos días, los que escoltaban a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y luego se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reunieran con él cuanto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, tomó la palabra y dijo: "Atenienses, veo que ustedes son extremadamente religiosos en todo. Porque, paseando y mirando los monumentos sagrados de su ciudad, encontré incluso un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues bien, eso que veneran sin conocerlo, yo se lo voy a anunciar.
"El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni necesita el servicio de las manos del hombre, como si careciera de algo, él, que da a todos la vida, el aliento y todo lo demás.
"De un solo hombre creó todo el género humano para que habitara la tierra entera, fijando los tiempos y las fronteras de los lugares en que habrían de habitar, para que buscaran a Dios, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque él no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como ya lo dijeron algunos de los poetas de ustedes: Somos también de su linaje.
"Por tanto, si somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea semejante a imágenes de oro, plata o piedra, esculpidas por el ingenio y la habilidad humanos. Pasando por alto los tiempos de la ignorancia, ahora Dios anuncia a todos los hombres, en todas partes, que se conviertan. Porque ha fijado un día en el que va a juzgar al mundo con justicia, por medio de un hombre que él designó. Y dio a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos".
Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, unos se burlaron, y otros le dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión".
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos, sin embargo, se le unieron y creyeron, entre ellos Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y otros con ellos.
Después de esto, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto.
Palabra de Dios.
— Salmo 148 —
R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Aleluya.
Alaben al Señor en el cielo,
alaben al Señor en lo alto.
Alábenlo todos sus ángeles,
alábenlo todos sus ejércitos.
R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Aleluya.
Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes, también las doncellas,
los ancianos junto con los niños.
R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Aleluya.
Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra.
R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Aleluya.
Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.
R. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengo aún muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden cargar ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que oye, y les anunciará lo que está por venir.
"Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy, 13 de mayo, la Iglesia celebra a Nuestra Señora de Fátima, una de las advocaciones marianas más queridas en toda Latinoamérica. Aquel 13 de mayo de 1917, la Virgen María se apareció en la pequeña aldea portuguesa de Fátima a tres pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta. Y lo que les pidió no fue nada extraordinario: les pidió oración, conversión y rezar el Rosario por la paz del mundo. La misma fe sencilla, el mismo mensaje claro que el Evangelio nos ofrece. María no añade doctrinas; las hace vida.
En la primera lectura vemos a Pablo en el Areópago de Atenas, frente a la sociedad más culta de su tiempo. Pablo descubre un altar dedicado "Al Dios desconocido". Y a partir de ahí les anuncia al verdadero Dios. ¡Qué método tan hermoso! Pablo no llega imponiendo; llega buscando los puntos donde Dios ya estaba sembrando algo en el corazón de aquella gente. María hizo algo parecido en Fátima: bajó a una aldea humilde, habló con tres niños sencillos, y desde ahí su mensaje se extendió al mundo entero. Dios siempre empieza por los pequeños.
En el Evangelio Jesús nos dice algo conmovedor: "Tengo aún muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden cargar ahora". Qué padre tan delicado nos tocó. No nos abruma. Nos da la verdad poco a poco, según lo que podemos cargar. Y nos manda al Espíritu de la verdad, que nos irá guiando, paso a paso, hasta la verdad plena. La fe cristiana no es un examen para genios; es un camino para hijos. Y María, en Fátima como en todas partes, es la madre que nos toma de la mano para ese camino.
Hoy es un día perfecto para rezar un Rosario, aunque sea breve. María lo pidió expresamente en Fátima. Y no es algo solo "para señoras mayores"; es una oración profunda, sencilla, repetitiva como el latido del corazón, que nos sumerge en la vida de Cristo desde los ojos de su Madre. Si hace tiempo no lo rezas, hoy podría ser el día. Cinco misterios. Diez minutos. La paz que llega después no se la da el reloj a nadie.
— Oración —
María de Fátima,
Madre de Cristo y madre nuestra,
hoy, en el aniversario de tu aparición
a tres niños humildes,
me acerco a ti
con la sencillez de un pastorcito.
Tú no buscaste palacios,
no escogiste sabios,
no apareciste en una capital del mundo.
Bajaste a una aldea,
hablaste con tres niños,
y tu mensaje cambió a la Iglesia entera.
Enséñame esa preferencia tuya por lo pequeño.
Hazme también pequeño,
para que puedas hablarme,
para que pueda escuchar tu voz
sin tantos ruidos de prestigio
ni de protagonismo.
Pediste tres cosas en Fátima:
oración, conversión y el Rosario por la paz.
Hoy quiero responderte con esos tres regalos.
Te ofrezco esta oración,
te pido la gracia de la conversión sincera,
y prometo dedicarte un Rosario,
aunque sea pequeño,
por la paz del mundo
y por mi familia.
Espíritu Santo,
Espíritu de la verdad
prometido por Jesús,
guíame poco a poco
hasta esa verdad plena
que aún no puedo cargar entera.
No tengo prisa;
tengo confianza.
Y tú, Jesús,
gracias por habernos dado a María como Madre.
En sus manos
me siento más a salvo.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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