Evangelio del día
Evangelio del Sábado 9 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 16, 1-10
En aquellos días, Pablo llegó a Derbe y luego a Listra. Allí había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso que fuera con él y, en consideración a los judíos de la región, que sabían que su padre era griego, lo tomó y lo hizo circuncidar.
Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén, para que las cumplieran. Las iglesias se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la palabra en Asia. Al llegar cerca de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Entonces, dejando Misia a un lado, bajaron a Tróade.
Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos".
Apenas tuvo la visión, inmediatamente decidimos partir hacia Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a anunciarles el Evangelio.
Palabra de Dios.
— Salmo 99 —
R. Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
Aclama al Señor, tierra entera,
sirvan al Señor con alegría,
entren en su presencia con vítores.
R. Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
Sepan que el Señor es Dios:
él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
R. Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad pasa de generación en generación.
R. Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los he elegido sacándolos del mundo, por eso el mundo los odia.
"Recuerden lo que les dije: el siervo no es más que su amo. Si me han perseguido a mí, también a ustedes los perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la suya.
"Y todo eso lo harán con ustedes a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
El Evangelio de hoy es exigente, pero también muy honesto. Jesús no nos endulza la vida cristiana; nos la cuenta como es. Si tú vives con los criterios del Reino, va a haber roces, incomprensiones, hasta rechazos. No porque seas raro, sino porque el mundo tiene otra lógica. La lógica del mundo es competir; la del Reino es servir. La lógica del mundo es agarrar; la del Reino es soltar. La lógica del mundo es brillar; la del Reino es desaparecer en el amor. Y eso choca.
Pero fíjate cómo lo enmarca Jesús: "Yo los he elegido sacándolos del mundo". Tú no estás solo enfrentando el rechazo. Estás del lado de Cristo, y eso, paradójicamente, es la mejor compañía. Cuando alguien te critique por hacer lo correcto, recuerda: a él lo crucificaron por hacer lo correcto. Estás en buena compañía. La incomprensión no te aleja de él; te acerca.
En la primera lectura vemos algo muy bonito: Pablo va lleno de planes, quiere predicar en Asia, después en Bitinia, pero el Espíritu Santo le cierra puertas. Y al final una visión le abre la verdadera: pasa a Macedonia. A veces los planes que nosotros tenemos no son los que Dios tiene. No te frustres cuando se cierre una puerta. Es probable que el Espíritu te esté redirigiendo a un Macedonia que aún no imaginas. Confía. Las puertas que él cierra son tan importantes como las que él abre.
Hoy es sábado, día dedicado a la Virgen María. Y María sabe muy bien lo que es vivir entre dos lógicas. Eligió la del Reino desde el "Sí" del Anunciación, y eso le costó incomprensiones desde el principio: en Nazaret, en el camino al Calvario, al pie de la cruz. Pero nunca soltó la mano de su Hijo. Que ella, que enfrentó el rechazo del mundo con la serenidad de quien tiene a Cristo en el centro, te enseñe hoy a no asustarte cuando la fe te traiga pequeñas cruces. Las penas pasan; el amor de Dios queda. Y tú, como ella, pertenecens a él para siempre.
— Oración —
Señor Jesús,
tú no me prometiste un camino fácil,
pero me prometiste compañía.
Y eso me basta.
Hoy te pido el coraje
de vivir como cristiano
sin esconder mi fe,
sin pedir disculpas por amarte,
sin doblar mis convicciones
para encajar en el mundo.
Cuando me incomprendan,
recuérdame que a ti también te incomprendieron.
Cuando me critiquen,
recuérdame que a ti también te criticaron.
Cuando se rían,
recuérdame que tú estás conmigo,
y que estar contigo es ya estarlo todo.
Como Pablo,
quiero seguir las puertas que tú abres
y no insistir en las que tú cierras.
Cuando el Espíritu me redirija,
dame docilidad para escuchar,
para soltar mis planes
y dejar que sean los tuyos los que se cumplan.
Virgen María,
mujer del "Sí" más libre y más costoso,
tú que cargaste en tu corazón
todas las miradas duras del mundo
sin perder la paz,
enséñame a caminar como tú caminaste:
con el rostro sereno,
con la mano en la de tu Hijo,
con la certeza profunda
de que pertenezco al Reino que nunca pasa.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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