Evangelio del día

Evangelio del Viernes 8 de mayo

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Hechos 15, 22-31

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros, junto con toda la Iglesia, decidieron escoger a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabá, y a Silas, hombres muy estimados entre los hermanos, y les enviaron por medio de ellos esta carta:

"Los apóstoles y los presbíteros, hermanos, saludan a los hermanos de origen pagano que viven en Antioquía, Siria y Cilicia. Hemos sabido que algunos de los nuestros, sin nuestro mandato, los han alborotado con sus palabras y han sembrado inquietud en sus corazones. Por eso, después de tomar una decisión unánime, hemos resuelto enviarles algunos delegados, junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo.

"Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, que les dirán de palabra lo mismo que les escribimos. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables: que se abstengan de la carne sacrificada a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de las uniones ilegítimas. Si se mantienen apartados de estas cosas, harán bien. Que les vaya bien".

Despedidos por la asamblea, bajaron a Antioquía, reunieron a la comunidad y les entregaron la carta. Cuando la leyeron, se alegraron por aquellas palabras alentadoras.

Palabra de Dios.

— Salmo 56 —

R. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Aleluya.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía,
despierten cítara y arpa,
despertaré a la aurora.

R. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Aleluya.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones,
porque tu misericordia es más grande que los cielos,
y tu fidelidad alcanza las nubes.

R. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Aleluya.

Levántate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

R. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Aleluya.

— Evangelio —
Juan 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.

"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.

"No me eligieron ustedes a mí; soy yo quien los elegí a ustedes y los destiné a ir y dar fruto, un fruto que permanezca, y para que el Padre les conceda todo lo que le pidan en mi nombre.

"Esto les mando: que se amen unos a otros".

Palabra del Señor.

— Reflexión —

"A ustedes los llamo amigos". Hay frases del Evangelio que cambian la imagen que tenemos de Dios, y esta es una de ellas. Imagina a un siervo y un amo: el siervo cumple órdenes, no participa de los planes, no entra al corazón del amo. Y Jesús nos dice: ya no eres así para mí. Eres mi amigo. Te he contado todo lo que oí del Padre. Eres parte de mi círculo más íntimo.

Los amigos de Dios no son los más perfectos; son los que él mismo ha elegido. Esa es la otra frase clave del día: "No me eligieron ustedes a mí; soy yo quien los elegí". Antes de que tú decidieras buscarlo, él ya te había buscado a ti. Antes de que tú abrieras la puerta, él ya estaba esperando del otro lado. Esto cambia todo. Tu vida espiritual no comenzó el día en que te sentiste piadoso; comenzó el día en que él, sin que tú lo notaras, puso en ti las primeras ganas de buscarlo.

¿Y para qué te eligió? Lo dice Jesús con claridad: "Para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca". Frutos que duren más que el aplauso del momento. Que dejen huella en quienes te rodean. Que estén hechos del mismo material del amor que él mismo nos da. Por eso enseguida resume todo en un mandamiento: "Que se amen unos a otros". Si te preguntas qué quiere Dios de ti hoy, ahí está la respuesta. Quiere que ames. Y quiere que ames como él te ama: con paciencia, con verdad, con presencia, con disposición a dar la vida por los amigos.

En la primera lectura, la Iglesia naciente vive una escena hermosa: la carta llega a Antioquía, la leen, y "se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras". Mira lo que produce el amor cristiano cuando se vive en serio: alegría. No tensión, no rigidez, no pesadez. Una alegría sana que suelta los lazos del miedo y construye comunidad. Hoy es un buen día para llamar a un amigo, para reconciliarte con alguien, para dar un gesto pequeño que diga sin palabras: "Tú eres importante para mí". Eso es vivir el Evangelio.

— Oración —

Señor Jesús,
hoy me dices algo que no termino de creer:
que me llamas amigo.
A mí, que tantas veces te he fallado,
a mí, que tengo días en los que dudo de todo,
a mí, que no me siento siempre digno.
Y aun así, tú me llamas amigo.

Gracias por elegirme antes de que yo te eligiera.
Gracias por buscarme antes de que yo te buscara.
Gracias por compartir conmigo
los secretos del corazón del Padre,
como solo se hace con un amigo.

Enséñame a vivir esta amistad
sin frivolidad,
sin rutina,
con la conciencia diaria
de que tú estás del otro lado de cada momento.

Y dame el coraje
de dar fruto que permanezca:
no éxitos pasajeros,
no aplausos baratos,
sino gestos hechos con tu amor,
que toquen vidas y dejen huella.

Hoy quiero amar como tú me amas.
Tener paciencia con quien me cansa,
tener verdad con quien necesita oírla,
tener tiempo para quien busca compañía,
tener disposición a entregar lo mejor de mí
por las personas que tú has puesto en mi camino.

Que se cumpla en mí
ese pequeño gran mandamiento tuyo:
amarnos unos a otros.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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