Evangelio del día
Evangelio del Domingo 3 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 6, 1-7
En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía bien a sus viudas.
Los Doce reunieron a la asamblea de los discípulos y dijeron: "No está bien que descuidemos la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por eso, hermanos, escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, y les encargaremos esta tarea. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra".
La propuesta les pareció bien a todos, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, y ellos les impusieron las manos mientras oraban.
La palabra de Dios iba creciendo, y el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Palabra de Dios.
— Salmo 32 —
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.
Aclamen, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Den gracias al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.
Los ojos del Señor están puestos
en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y alimentarlos en tiempo de hambre.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.
— Segunda Lectura —
1 Pedro 2, 4-9
Queridos hermanos:
Acérquense al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios. También ustedes, como piedras vivas, entren en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Por eso dice la Escritura: "Pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa; quien crea en ella no quedará defraudado".
Para ustedes, los creyentes, esa piedra es un honor. Pero para los incrédulos, la piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular, piedra de tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan porque no obedecen a la palabra. A eso estaban destinados.
En cambio, ustedes son un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que proclamen las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Palabra de Dios.
— Evangelio —
Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No se turbe su corazón. Crean en Dios, y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se los habría dicho. Voy a prepararles un lugar.
"Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya conocen el camino".
Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos conocer el camino?"
Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre. Desde ahora ya lo conocen y lo han visto".
Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y nos basta".
Jesús le respondió: "Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, Felipe, ¿y aún no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las hablo por mi cuenta; es el Padre, que permanece en mí, el que hace sus obras.
"Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. Si no, crean, al menos, por las obras mismas. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, e incluso mayores, porque yo voy al Padre".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy el Evangelio empieza con unas palabras que parecen escritas para nosotros: "No se turbe su corazón. Crean en Dios, y crean también en mí". Jesús sabe que la vida cristiana pasa por momentos de turbación. Cambios que nos desordenan, pérdidas que nos duelen, futuros inciertos. Y su primera respuesta no es darnos un plan, sino una persona: él mismo. "Yo soy el camino, la verdad y la vida". No uno que enseña el camino; él mismo es el camino.
En la primera lectura vemos lo que pasa cuando una comunidad hace de Jesús su centro: surgen problemas, claro, porque siguen siendo humanos; pero esos problemas se resuelven con diálogo, con oración y con decisiones sabias. Las viudas griegas no estaban siendo atendidas bien. Los apóstoles no se hacen los desentendidos ni se enredan en politiquería. Convocan asamblea, proponen una solución, y los siete elegidos empiezan un ministerio nuevo: el de los diáconos. Así nace una estructura al servicio del amor. Si tu familia, tu trabajo, tu parroquia tienen problemas, tómalo en serio pero no te asustes; donde Jesús es el centro, los problemas se convierten en oportunidades de crecer.
Pedro, en la segunda lectura, nos da una imagen hermosa: somos "piedras vivas" que construyen una casa espiritual, con Cristo como piedra angular. Cada uno eres una piedra única, irremplazable. Tu lugar en esa casa ya está pensado; sin ti, algo falta. No te creas de sobra. Y no mires a los demás como rivales; son tus piedras hermanas, todos encajando en la misma construcción.
Hoy es domingo, el día en que nos reunimos en la Misa para volver a sentir que somos iglesia, que somos casa, que somos familia de Dios. Aprovecha este día para dos cosas: primero, para creer otra vez con fuerza ("crean en Dios, crean también en mí"), y segundo, para amar a los que viven contigo. La fe se mide en casa. En cómo hablas a tu pareja, en cómo tratas a tus hijos, en cómo miras a tus padres. Quien cree en el Jesús que dijo "no se turbe tu corazón", puede vivir con la serenidad y la ternura que los suyos necesitan de él. Lleva a tu familia la paz que hoy recibes en la Misa. Esa es la prueba concreta de que el Resucitado vive.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy, en este domingo,
vengo a descansar en ti.
Que no se turbe mi corazón,
porque tú eres el camino, la verdad y la vida,
y contigo no me falta nada esencial.
Creo en ti, Señor.
Creo también en el Padre,
a quien veo en tu rostro.
Creo en el Espíritu Santo,
que me sostiene cuando yo no puedo.
Gracias por la Misa de hoy,
donde vuelvo a ser piedra viva
ensamblada con otras piedras vivas,
en la casa que tú estás construyendo.
No me dejes sentir que sobro,
ni que debo caminar solo.
Bendice a mi familia.
Dame paciencia con los que viven conmigo,
ternura para las heridas pequeñas,
palabras de paz donde hay tensiones,
tiempo para escucharlos sin prisa.
Que todo lo que hoy reciba en la Eucaristía
lo lleve a mi casa
como se lleva el pan caliente:
para partirlo con los míos
y recordarles que tú resucitaste,
que tú vives,
que tu amor nos habita.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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