Evangelio del día
Evangelio del Sábado 2 de mayo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 13, 44-52
El sábado siguiente, casi toda la ciudad se reunió para escuchar la palabra del Señor. Al ver la multitud, los judíos se llenaron de envidia y, lanzando insultos, contradecían lo que decía Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé, con toda valentía, les dijeron: "A ustedes había que anunciar primero la palabra de Dios; pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, nos volvemos hacia los paganos. Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te he puesto como luz para los pueblos, para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra".
Al oír esto, los paganos se alegraron y alababan la palabra del Señor; y cuantos estaban destinados a la vida eterna, creyeron.
La palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a algunas señoras distinguidas, devotas de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su territorio. Estos sacudieron el polvo de sus pies como protesta y se fueron a Iconio. Y los discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
— Salmo 97 —
R. Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Aleluya.
Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Aleluya.
El Señor da a conocer su salvación,
revela su justicia a las naciones;
se acordó de su misericordia y de su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R. Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Aleluya.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamen al Señor, tierra entera;
griten, vitoreen, toquen música.
R. Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 14, 7-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre. Desde ahora ya lo conocen y lo han visto".
Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y nos basta".
Jesús le respondió: "Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, Felipe, ¿y aún no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las hablo por mi cuenta; es el Padre, que permanece en mí, el que hace sus obras.
"Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. Si no, crean, al menos, por las obras mismas. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, e incluso mayores, porque yo voy al Padre.
"Y todo lo que pidan en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hay una frase en el Evangelio de hoy que se queda clavada: "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre". Felipe pedía lo que tal vez hemos pedido nosotros tantas veces: "Muéstranos al Padre y nos basta". Queremos un Dios visible, un signo claro, algo que resuelva nuestras dudas. Y Jesús responde con una paciencia conmovedora: "Hace tanto tiempo que estoy contigo, Felipe, ¿y aún no me conoces?". Dios se hizo visible ya. Tiene un nombre, tiene un rostro: Jesús.
Si quieres saber cómo es el Padre, mira a Jesús. ¿Cómo trató al leproso? Así es Dios. ¿Cómo miró a la mujer sorprendida en adulterio? Así es Dios. ¿Cómo lloró junto a la tumba de Lázaro? Así es Dios. Muchas veces nos imaginamos a Dios con rasgos que no le pertenecen: distante, severo, calculador. Y Jesús viene a corregirnos: "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre". Mirar a Cristo es el mejor modo de conocer el corazón de Dios.
En la primera lectura, Pablo y Bernabé reciben una bofetada de rechazo, pero no se desaniman. "Y los discípulos quedaban llenos de alegría y del Espíritu Santo". Qué frase tan rebelde. El mundo los expulsa, y ellos se llenan de alegría. Porque la alegría cristiana no depende de las circunstancias; depende del Espíritu Santo que llevamos dentro. Depende, sobre todo, de haber visto a Jesús, y en él, al Padre.
Hoy es sábado, día de María. Y si hay alguien que conoció al Padre mirando a Jesús, fue su Madre. María lo vio sonreír como niño, lo vio crecer, lo vio enseñar, lo vio morir, lo vio resucitado. Y en cada uno de esos momentos, vio también el corazón del Padre. Que ella, la primera contemplativa del rostro de Cristo, nos enseñe hoy a mirarlo despacio. A no pedir más signos, sino a aprender a verlo donde ya está. Porque quien mira bien a Jesús, ya está mirando a Dios.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy, como Felipe,
vengo a ti con una petición sencilla:
muéstrame al Padre.
Pero ya me has respondido.
Tú eres su rostro.
Quien te ha visto, lo ha visto.
Enséñame a mirarte así,
como a quien me revela al Padre.
Cuando me acerco a la Eucaristía,
cuando abro el Evangelio,
cuando veo tu obra en las personas buenas que me rodean,
ayúdame a reconocer
que ahí está el corazón de Dios.
Dame la alegría de los primeros cristianos,
los de la primera lectura,
que eran expulsados de las ciudades
y se iban llenos del Espíritu Santo.
Esa alegría que no depende de que todo salga bien,
sino de que tú estás,
de que el Padre está,
de que tu Espíritu me habita.
Virgen María,
primera contemplativa del rostro de tu Hijo,
enséñame a mirarlo como tú lo mirabas,
sin prisa, sin exigencias,
con la ternura de quien sabe
que en cada gesto suyo
se está revelando el mismo Dios.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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