Evangelio del día

Evangelio del Lunes 27 de abril

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Hechos 11, 1-18

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los del grupo de los circuncidados le reprocharon: "Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos".

Pedro comenzó entonces a exponerles los hechos en orden:

"Estaba yo orando en la ciudad de Jafa cuando tuve en éxtasis una visión: bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, que, sostenido por las cuatro puntas, se posó junto a mí. Mirando atentamente dentro, vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.

"Yo respondí: De ninguna manera, Señor, porque nunca entró en mi boca nada profano o impuro. Pero la voz del cielo habló de nuevo: Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames profano. Esto sucedió tres veces, y de un tirón se lo llevaron todo otra vez al cielo.

"En ese momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea a buscarme. El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Nos acompañaron estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre. Él nos contó cómo había visto en su casa a un ángel que, de pie, le decía: Manda a alguien a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a toda tu casa.

"En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo que había dicho el Señor: Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo. Pues, si Dios les dio a ellos el mismo don que a nosotros por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?"

Al oír esto, se calmaron y alabaron a Dios, diciendo: "Así pues, también a los paganos les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida".

Palabra de Dios.

— Salmo 41 —

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo. Aleluya.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo podré entrar a ver el rostro de Dios?

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo. Aleluya.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan a tu monte santo,
hasta tu morada.

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo. Aleluya.

Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son del arpa,
Dios, Dios mío.

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo. Aleluya.

— Evangelio —
Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo: "Les aseguro que el que no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino que salta por otro lado, ese es un ladrón y un bandido. En cambio, el que entra por la puerta, ese es el pastor de las ovejas. El guardián le abre, y las ovejas reconocen su voz; él llama por su nombre a cada una y las saca fuera.

"Cuando ha hecho salir a todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. A un extraño no lo seguirán; más bien huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que quería decirles. Por eso Jesús añadió: "Les aseguro: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos, pero las ovejas no les hicieron caso.

"Yo soy la puerta: el que entre por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón solo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia".

Palabra del Señor.

— Reflexión —

Hoy las dos lecturas nos hablan de una puerta que Dios abre cuando nosotros creíamos que tenía que estar cerrada. Pedro en la primera lectura nos cuenta lo que le pasó en Jafa: él tenía su lista de lo que era puro y lo que no, y Dios le dice sin rodeos: "Lo que yo he purificado, tú no lo llames profano". Dios estaba ensanchando el corazón de Pedro para que comprendiera que la salvación no tiene fronteras, que los paganos también son llamados, que la puerta del Reino está abierta de par en par para todos.

Y fíjate cómo termina Pedro su defensa: "Si Dios les dio el mismo don que a nosotros, ¿quién era yo para oponerme a Dios?". Cuántas veces nos encontramos nosotros oponiéndonos a Dios sin darnos cuenta. Poniendo condiciones a las que él no pone. Cerrando puertas que él ha abierto. Decidiendo quién merece y quién no, cuando él ya decidió que todos merecen porque él mismo es quien nos hace dignos.

En el Evangelio Jesús nos revela quién es él: "Yo soy la puerta". No un simple pastor entre otros. La puerta misma. El acceso al Padre, al rebaño, a la vida abundante. Y una vez más, esa puerta está abierta para todo el que quiera entrar. El único requisito es venir por ella, por Cristo, no buscar atajos, no intentar saltar por otro lado.

¿Hay alguna puerta que tú tengas cerrada en tu corazón hoy? Tal vez una persona a la que no aceptas, un grupo que te cuesta mirar con ojos nuevos, una parte de tu propia vida que crees que Dios no puede tocar. Escucha lo que le dijo a Pedro: "Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames profano". Dios tiene mucho más pecho que nosotros. Su puerta es más ancha que nuestras fronteras. Déjate ensanchar el corazón.

— Oración —

Señor Jesús,
tú eres la puerta de las ovejas,
la puerta abierta de par en par,
la puerta por donde entra la vida.

A veces cierro puertas que tú abriste.
Me cuesta aceptar a ciertas personas,
juzgo a los que viven diferente,
pongo condiciones que tú no pusiste nunca.

Perdóname esas estrecheces.
Ensancha mi corazón
como ensanchaste el corazón de Pedro,
hasta que aprenda a ver como tú ves:
sin separar, sin descalificar,
sin llamar profano lo que tú has tocado.

Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.
Sé tú la puerta por la que entro hoy,
por la que salgo al mundo,
por la que encuentro pastos frescos.

Y dame la humildad de Pedro,
capaz de decir: "¿Quién era yo para oponerme a Dios?"
Que nunca me ponga yo en medio
de una obra tuya que no entiendo.

Amén.

Mañana, otra

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