Evangelio del día

Evangelio del Día - Sábado 18 de abril

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En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.

— Primera Lectura —

Hechos 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía bien a sus viudas.

Los Doce convocaron entonces a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que nosotros descuidemos la Palabra de Dios para atender las mesas. Escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y les encargaremos esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra».

La propuesta agradó a todos. Eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, y estos oraron e impusieron las manos sobre ellos.

La Palabra de Dios seguía creciendo, y en Jerusalén aumentaba mucho el número de los discípulos; incluso muchos sacerdotes abrazaban la fe.

Palabra de Dios.

— Salmo 32 —

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Aleluya.

— Evangelio —
Juan 6, 16-21

Al anochecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, subieron a una barca y se dirigían a Cafarnaún. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había llegado a donde estaban ellos. Soplaba un viento fuerte y el lago se estaba encrespando.

Habían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no tengan miedo».

Entonces quisieron subirlo a la barca, y en seguida la barca llegó a la orilla a donde se dirigían.

Palabra del Señor.

— Reflexión —

La primera lectura nos muestra a una Iglesia que crece y, al crecer, se complica. Surgen roces, hay grupos que se sienten olvidados, hay necesidades que nadie está atendiendo. No es una crisis de fe, es una crisis de organización. Y la respuesta de los apóstoles es sabia: no todo lo pueden hacer ellos, hay que repartir, hay que confiar en otros, hay que dejar que el Espíritu actúe a través de muchos. Una comunidad que sabe delegar sin perder su centro — la oración y la Palabra — es una comunidad que crece de verdad. Y el texto lo confirma: «incluso muchos sacerdotes abrazaban la fe».

Los discípulos del Evangelio salen a remar de noche, sin Jesús, y el lago tranquilo se convierte en amenaza. Hay algo muy humano en esa imagen: la noche en que decidimos avanzar solos, a fuerza de remos, sin esperar al Señor. El trabajo, el cansancio, las preocupaciones — todo se vuelve más pesado cuando lo cargamos sin él. Y entonces aparece Jesús, caminando sobre lo que nos asusta, sobre lo que creíamos indomable, y dice las palabras que más necesitamos escuchar: «Soy yo, no tengan miedo».

No es una promesa de que el viento va a parar. Es una presencia. Él está ahí, en medio del lago encrespado, en medio de la noche. Y solo con eso, la barca llega a donde tenía que llegar. No a pesar de la tormenta, sino a través de ella, con él.

María vivió esto toda su vida: avanzar en la oscuridad con una sola certeza — que el Señor estaba con ella. Hoy, en este sábado pascual, podemos pedirle que nos enseñe a reconocer a Jesús también cuando viene a nosotros de maneras inesperadas, sobre las aguas que más nos asustan.

— Oración —

Señor Jesús,
hay noches en las que remo solo.
Noches en las que avanzo a fuerza de voluntad,
cansado, sin ver la orilla,
con el viento en contra.

Y a veces me olvido de esperarte.
Me lanzo al lago
antes de que tú llegues.

Hoy quiero escuchar tu voz sobre las aguas:
«Soy yo, no tengan miedo».

Que esa voz sea más fuerte
que el ruido del viento y las olas.
Que tu presencia me baste
cuando no entiendo lo que está pasando.

Como María, que avanzó en la oscuridad
sostenida solo por tu Palabra,
enséñame a confiar
cuando no veo la orilla.

Llévame tú a donde tengo que llegar.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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