Evangelio del día
Evangelio del Día - Lunes 13 de abril
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 4, 23-31
En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a donde estaban sus compañeros y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oír esto, todos juntos elevaron su voz a Dios diciendo: "Señor, tú que has creado el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contiene; tú que por el Espíritu Santo y por boca de nuestro padre David, tu servidor, dijiste: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen planes sin sentido? Se sublevaron los reyes de la tierra y los gobernantes se aliaron contra el Señor y contra su Mesías.
"Eso fue lo que sucedió en esta ciudad, cuando se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo servidor Jesús, a quien tú ungiste, para que se cumpliera lo que tu poder y tu providencia habían determinado que sucediera.
"Ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus servidores anunciar tu Palabra con toda valentía. Extiende tu mano para realizar curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús".
Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo y comenzaron a anunciar la Palabra de Dios con valentía.
Palabra de Dios.
— Salmo 2 —
R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.
¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen planes sin sentido?
Se sublevan los reyes de la tierra
y los gobernantes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías.
Dicen: "Rompamos sus cadenas,
sacudamos su dominio".
R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se ríe de ellos.
Luego les habla con ira
y los espanta con su cólera:
"Yo mismo he establecido a mi rey
en Sión, mi monte santo".
R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.
Anunciaré el decreto del Señor.
Él me ha dicho: "Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.
Pídeme y te daré en herencia las naciones,
en propiedad los confines de la tierra.
Las gobernarás con cetro de hierro
y las quebrarás como jarros de barro".
R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.
— Evangelio —
Juan 3, 1-8
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era jefe de los judíos. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: "Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él".
Jesús le contestó: "Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios".
Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?"
Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Tienen que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere: oyes su ruido pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Hoy las lecturas nos hablan de algo que transforma de raíz: el Espíritu Santo. En la primera lectura, la comunidad de los apóstoles ora junta después de haber sido amenazada por el Sanedrín. Y su oración no es tímida. No piden protección, no piden que los dejen en paz. Piden valentía para seguir anunciando. Y la respuesta de Dios es contundente: tiembla el lugar donde están reunidos y los llena el Espíritu Santo. Un nuevo Pentecostés en miniatura.
Y en el Evangelio, Jesús le explica a Nicodemo algo que este hombre sabio y culto no logra entender: hay que nacer de nuevo. Nicodemo piensa en lo físico, en lo literal. ¿Cómo va a meterse un viejo de vuelta en el vientre de su madre? Pero Jesús habla de otro nacimiento: el del agua y el Espíritu. Un nacimiento que no depende de nosotros sino de Dios.
Y luego viene esa imagen hermosa del viento. El Espíritu es como el viento: no lo puedes ver, no lo puedes controlar, no decides de dónde viene ni a dónde va. Pero lo sientes. Lo reconoces por sus efectos. Así actúa Dios en nuestra vida. No siempre lo entendemos, no siempre lo vemos venir, pero de pronto nos encontramos transformados, con una valentía que no es nuestra, con una paz que no nos explicamos, con una alegría que no fabricamos.
¿Hay algo en tu vida que necesita nacer de nuevo? ¿Algún área donde sigues intentando con tus propias fuerzas lo que solo el Espíritu puede hacer? Hoy es buen día para soltar el control y dejar que el viento de Dios sople donde quiera.
— Oración —
Señor Jesús,
hoy vengo a ti como Nicodemo,
de noche, con mis preguntas,
con mi cabeza llena de ideas
pero con el corazón buscando algo más.
Necesito nacer de nuevo.
No un retoque, no un ajuste,
sino una vida nueva
que solo tu Espíritu puede darme.
Sopla sobre mí como el viento,
aunque no entienda de dónde vienes
ni a dónde me llevas.
Dame la valentía de esos primeros cristianos
que hicieron temblar el lugar con su oración.
No quiero vivir con mis propias fuerzas.
Quiero vivir del Espíritu,
nacer cada día de tu gracia
y dejarme transformar por tu amor.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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