Evangelio del día
Evangelio del Día - Sábado 11 de abril
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
— Primera Lectura —
Hechos 4, 13-21
En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres del pueblo, sin instrucción ni cultura, estaban asombrados. Los reconocían como compañeros de Jesús, pero al ver de pie junto a ellos al hombre que había sido sanado, no encontraban qué responder.
Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos: "¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Han realizado un milagro que todo Jerusalén conoce, y no podemos negarlo. Pero para que esto no se siga divulgando entre el pueblo, vamos a prohibirles con amenazas que vuelvan a hablar a nadie en ese nombre".
Los llamaron de nuevo y les ordenaron que de ninguna manera hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen ustedes si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído".
Ellos los amenazaron de nuevo y los soltaron, pues no encontraban cómo castigarlos, ya que todo el pueblo daba gloria a Dios por lo que había sucedido.
Palabra de Dios.
— Salmo 117 —
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
El Señor es mi fuerza y mi alegría,
en el Señor está mi salvación.
Escuchen el canto de victoria
que sale de la casa de los justos.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, seguiré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
Ábranme las puertas del Templo,
quiero entrar a dar gracias a Dios.
Esta es la puerta del Señor
y por ella entran los que le son fieles.
Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
— Evangelio —
Marcos 16, 9-15
Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado 7 demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, que estaban de duelo y llorando, pero cuando le oyeron decir que estaba vivo y que ella lo había visto, no le creyeron.
Después se apareció bajo otra forma a 2 de ellos que iban de camino hacia una aldea. Ellos fueron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.
Por último, se apareció a los 11 cuando estaban a la mesa y les reprochó su incredulidad y su dureza de corazón, porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación".
Palabra del Señor.
— Reflexión —
Último día de la Octava de Pascua. Durante toda esta semana la Iglesia ha celebrado cada día como si fuera domingo, como una sola fiesta continua de la Resurrección. Y hoy, para cerrar, las lecturas nos dejan dos imágenes que se complementan de manera poderosa.
En la primera lectura, Pedro y Juan están ante los mismos líderes que condenaron a Jesús. Las autoridades están desconcertadas: estos hombres no tienen estudios, no tienen poder, no tienen influencias. Pero hablan con una seguridad que no pueden explicar. El Sanedrín intenta silenciarlos, les prohíbe hablar en el nombre de Jesús. Y la respuesta de Pedro es de esas frases que deberían estar grabadas en el corazón de todo cristiano: "No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído". No es un acto de rebeldía. Es un desborde. Cuando has visto al Resucitado, simplemente no puedes callarte.
Y en el Evangelio, Marcos nos muestra el recorrido de la incredulidad a la misión. María Magdalena lo ve y nadie le cree. Los dos del camino lo encuentran y nadie les cree. Jesús tiene que aparecerse directamente a los 11 y echarles en cara su dureza de corazón. Pero lo hermoso es lo que viene después del reproche: no los descalifica, no los reemplaza, no busca otros discípulos más creyentes. Al contrario, les dice: "Vayan por todo el mundo". El Resucitado envía a los incrédulos a anunciar. Porque la fe no nace de nuestra capacidad sino de su presencia.
En este sábado, la Virgen María nos acompaña como aquella que nunca dejó de creer, ni siquiera al pie de la cruz. Ella, que no necesitó apariciones para mantenerse firme, intercede hoy por nuestra fe débil y nos impulsa a compartir la alegría de la Pascua.
— Oración —
Señor Jesús resucitado,
hoy termina esta Octava de fiesta
y yo no quiero que termine en mí
la alegría de saber que estás vivo.
Perdona mi incredulidad,
esas veces en que escucho tu Palabra
y no termino de creerla,
esas veces en que me cuesta reconocerte.
Pero tú no te cansas de aparecer,
de buscarme, de insistir,
de presentarte en mi orilla,
en mi mesa, en mi camino.
Como Pedro y Juan, que no podían callar,
dame ese desborde de quien ha visto algo grande.
No me dejes guardar para mí solo
esta noticia que cambia todo.
Virgen María, madre de la fe inquebrantable,
enséñame a creer sin necesitar pruebas
y a anunciar con sencillez
que tu Hijo vive y reina para siempre.
Amén.
Que el Señor te bendiga y te guarde en este día.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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