Evangelio del día
Evangelio del Día - Viernes 6 de marzo
En Bendita puedes escuchar el Evangelio y su reflexión con una voz cálida.
Evangelio del Día.
Viernes de la segunda semana de Cuaresma.
Seis de marzo de dos mil veintiséis.
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Escuchemos la Primera Lectura, tomada del libro del Génesis, capítulo treinta y siete.
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Jacob amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había engendrado en la ancianidad. A él le había hecho una túnica especial, de amplias mangas. Sus hermanos, al ver la preferencia de su padre, llegaron a odiarlo profundamente, al grado de negarle la palabra.
Un día, Jacob le dijo a José: "Tus hermanos apacientan mis rebaños en Siquem. Te voy a enviar allá." José fue entonces en busca de sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron de lejos, y antes de que se acercara, conspiraron contra él para matarlo. Se decían unos a otros: "Ahí viene ese soñador. Démosle muerte. Lo arrojaremos en un pozo y diremos que una fiera lo devoró. Vamos a ver de qué le sirven sus sueños."
Rubén oyó esto y trató de liberarlo, diciendo: "No le quiten la vida ni derramen su sangre. Mejor arrójenlo en ese pozo que está en el desierto, y no se manchen las manos." Eso lo decía para salvar a José y devolverlo a su padre.
Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, lo despojaron de su túnica y lo arrojaron a un pozo sin agua. Luego se sentaron a comer, y levantando los ojos, vieron a lo lejos una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, con los camellos cargados de especias y bálsamo, y se dirigían a Egipto.
Judá dijo entonces a sus hermanos: "¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? Vendámoslo a los ismaelitas y no mancharemos nuestras manos. Después de todo, es nuestro hermano, y de nuestra misma sangre." Y sus hermanos le hicieron caso. Sacaron a José del pozo y se lo vendieron a los mercaderes por veinticinco monedas de plata. Los mercaderes se llevaron a José a Egipto.
Palabra de Dios.
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Salmo ciento cuatro.
Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país, ya había enviado por delante a un hombre: a José, vendido como esclavo.
Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
Le trabaron los pies con grilletes y rodearon su cuerpo con cadenas, hasta que se cumplió su predicción, y Dios lo acreditó con su palabra.
Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
El rey mandó que lo soltaran. Lo nombró administrador de su casa y señor de todas sus posesiones.
Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
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Ahora, escuchemos el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo veintiuno.
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En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
"Había una vez un propietario que plantó un viñedo. Lo rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, y luego lo arrendó a unos viñadores. Después, se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de los criados: golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: A mi hijo lo respetarán. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: Este es el heredero. Vamos a matarlo, y nos quedaremos con su herencia. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo, y lo mataron."
Jesús entonces les preguntó: "Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?"
Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados, y arrendará el viñedo a otros viñadores que le entreguen los frutos a su tiempo."
Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios, y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos."
Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos. Quisieron arrestarlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por profeta.
Palabra del Señor.
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Meditemos juntos.
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Hoy las lecturas nos ponen frente a un espejo.
En la primera lectura, los hermanos de José rechazan al hijo amado por envidia. En el Evangelio, los viñadores rechazan al hijo del dueño por ambición. En ambos casos, el rechazo nace del mismo lugar: querer ser dueños de lo que nos fue confiado.
Esta parábola no es solo una lección de historia. Es una pregunta directa para ti y para mí, hoy. ¿Qué estoy haciendo con lo que Dios me ha confiado? Mi fe, mi familia, mis talentos, mi tiempo. Todo esto es la viña que Él puso en nuestras manos. No somos dueños. Somos cuidadores.
Y hay algo hermoso escondido en el final de esta parábola. La piedra rechazada se convierte en la piedra angular. Dios no se rinde. Donde nosotros vemos fracaso, Él construye algo nuevo. Donde hay rechazo, Él abre camino.
Esa es la esperanza que sostiene toda la Cuaresma: que el aparente fracaso de la Cruz se convierte en la victoria de la Resurrección.
Hoy, en este viernes de Cuaresma, preguntémonos con sinceridad: ¿estoy dando frutos con lo que he recibido? ¿O estoy viviendo como si la viña fuera mía?
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Oremos juntos.
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Señor Jesús,
Tú eres la piedra angular sobre la que quiero construir mi vida.
Perdóname por las veces en que he vivido como dueño de lo que Tú me has confiado.
Enséñame a cuidar tu viña con amor, a dar frutos de justicia y misericordia, y a recordar siempre que todo lo bueno que tengo viene de tus manos.
En esta Cuaresma, renueva mi corazón, para que sea tierra fértil donde tu Palabra crezca y dé fruto.
Amén.
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Que el Señor te bendiga y te guarde en este día.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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