Santa Isabel de la Trinidad, virgen

Oh Dios mío, Trinidad que adoro

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Hoy celebramos a Santa Isabel de la Trinidad,

carmelita, que descubrió a Dios viviendo en lo hondo del alma y quiso ser, toda ella, una alabanza de su gloria. Rezamos con sus propias palabras, la oración que escribió a los tres años de entrar en el Carmelo.

— Oración —
Oh Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme por completo de mí para asentarme en Ti, inmóvil y serena, como si mi alma viviera ya en la eternidad; que nada consiga turbar mi paz ni apartarme de Ti, oh mi Inmutable, y que cada minuto me adentre más en lo hondo de Tu Misterio.

Pacifica mi alma; haz de ella Tu cielo, Tu morada querida y el lugar donde descansas; que nunca te deje allí solo, que esté allí entera, despierta del todo en mi fe, toda en adoración, del todo entregada a Tu acción creadora.

Oh Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser esposa de Tu corazón; quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte hasta morir.

Pero siento mi impotencia, y te pido que me revistas de Ti mismo, que mi alma se identifique con todos los movimientos de la Tuya, que me sumerjas, que me invadas, que ocupes Tú mi lugar, para que mi vida sea solo un reflejo de Tu Vida. Ven a mí como Adorador, Reparador y Salvador.

Oh Verbo eterno, oh Palabra de mi Dios, quiero pasarme la vida escuchándote;

quiero dejarme enseñar del todo, para aprenderlo todo de Ti;

y después, en medio de todas las noches, de cada vacío y de toda mi impotencia, quiero tener siempre los ojos puestos en Ti y vivir bajo Tu gran luz;

oh mi Astro amado, fascíname para que ya no pueda salir de Tu resplandor.

Oh Fuego que consume, Espíritu de amor, ven sobre mí, para que se obre en mi alma algo así como una encarnación del Verbo, y yo sea como una humanidad añadida en la que él renueve todo su Misterio.

Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura Tuya, tan pequeña, y no mires en ella sino al Amado en quien has puesto todas Tus complacencias.

Oh mis Tres, mi Todo, mi Dicha, Soledad infinita, Inmensidad en la que me pierdo: me entrego a Ti como una presa; sepúltate en mí para que yo me sepulte en Ti, mientras llega el día de contemplar en Tu luz el abismo de Tus grandezas. Santa Isabel de la Trinidad, ruega por nosotros.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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