San Narciso de Jerusalén, obispo

Glorioso San Narciso, pastor de Jerusalén

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Hoy recordamos a San Narciso,

obispo de Jerusalén en los primeros siglos de la Iglesia.

Según cuenta el historiador Eusebio, fue elegido obispo cuando ya era muy anciano, y los cristianos recordaban sus milagros, como el del agua que se volvió aceite para las lámparas de la víspera de Pascua. Unos hombres molestos por su firmeza lo acusaron de un crimen, y él, para no ser causa de división, se retiró a la soledad.

Años después volvió, y como ya le faltaban las fuerzas, tomó a San Alejandro como ayudante. Se dice que vivió más de cien años.

— Oración —
Glorioso San Narciso, pastor de Jerusalén, tú cuidaste de tu pueblo hasta la vejez y soportaste con paciencia la mentira de los que te acusaban. Ruega por mí, para que, cuando me juzguen mal, responda con paz y deje mi buen nombre en las manos de Dios.

Intercede por los que sufren calumnias y por los mayores que todavía sirven a la Iglesia, y alcánzame un corazón que perdone y que no hable mal de nadie. San Narciso, ruega por nosotros.

Dios nuestro, que sostienes a los que confían en Ti, escucha con bondad la oración de Tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

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