San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

A la mesa de Tu dulcísimo banquete

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Hoy celebramos a San Ambrosio,

obispo de Milán y doctor de la Iglesia, que enseñó a su pueblo a cantar a Dios y llevó al bautismo a San Agustín. Rezamos con una antigua oración para antes de comulgar que la tradición pone bajo su nombre.

— Oración —
A la mesa de Tu dulcísimo banquete, Señor Jesucristo, lleno de bondad, yo, pecador, sin fiarme de mis méritos y confiando en Tu misericordia y en Tu bondad, me acerco con temor y temblor. Porque tengo el corazón y el cuerpo manchados por muchas culpas, y no he sabido guardar mi mente ni mi lengua.

Por eso, oh Dios lleno de piedad, oh Majestad temible, yo, pobre de mí, atrapado entre angustias, acudo a Ti, fuente de misericordia; a Ti me apresuro para que me sanes, bajo Tu protección me refugio, y a quien no puedo resistir como Juez, ansío tenerlo como Salvador.

A Ti, Señor, te muestro mis heridas; ante Ti descubro mi vergüenza. Sé que mis pecados son muchos y grandes, y por ellos tengo miedo. Pero espero en Tus misericordias, que no tienen número.

Mírame, pues, con ojos de misericordia, Señor Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre, crucificado por el hombre. Escúchame, porque espero en Ti; ten piedad de mí, lleno de miserias y pecados, Tú que eres fuente de compasión que nunca dejará de manar.

Salve, Víctima de salvación, ofrecida en el patíbulo de la cruz por mí y por todo el género humano. Salve, Sangre noble y preciosa, que brotas de las heridas de mi Señor Jesucristo crucificado y lavas los pecados del mundo entero. Acuérdate, Señor, de Tu criatura, a la que redimiste con Tu sangre.

Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar lo que hice. Aparta de mí, te lo ruego, Padre clementísimo, todas mis maldades y pecados, para que, purificado en el alma y en el cuerpo, merezca gustar dignamente el Santo de los santos.

Y concédeme que esta santa comunión de Tu Cuerpo y de Tu Sangre, que yo, indigno, voy a recibir, sea perdón de mis pecados y limpieza completa de mis culpas;

que aleje los malos pensamientos y renueve los buenos sentimientos;

que me dé fuerza para las obras que te agradan, y que sea firmísima defensa de mi alma y de mi cuerpo contra las asechanzas de mis enemigos.

San Ambrosio, ruega por nosotros.

Oh Dios, que diste a Tu pueblo a San Ambrosio como ministro de la salvación eterna: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien tuvimos en la tierra como maestro de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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