Jesucristo, Rey del universo
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano
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Hoy celebramos a Jesucristo,
Rey del universo. En su fiesta, la Iglesia renueva cada año la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, y la rezamos con las palabras del papa León XIII.
— La Palabra —
Lucas 23, 42-43
En aquel tiempo, uno de los malhechores que estaban colgados junto a Jesús decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino».
Jesús le respondió:
«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».
— Oración —
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, míranos postrados humildemente ante Tu altar. Tuyos somos y Tuyos queremos ser; y para poder estar más firmemente unidos a Ti, he aquí que hoy, por su propia voluntad, cada uno de nosotros se consagra a Tu Sacratísimo Corazón.
Muchos, es verdad, nunca te conocieron; muchos, despreciando Tus mandamientos, te rechazaron. Ten misericordia de unos y de otros, benignísimo Jesús, y arrebátalos a todos hacia Tu santo Corazón.
Sé Rey, Señor, no ya solo de los fieles que nunca se apartaron de Ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron: haz que regresen pronto a la casa de su Padre, para que no perezcan de miseria y hambre.
Sé Rey de aquellos a quienes engaña el error de sus opiniones o tiene separados la discordia, y llámalos de nuevo hacia el puerto de la verdad y hacia la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño y un solo pastor.
Sé Rey, por último, de todos los que aún no te conocen, y no te niegues a sacarlos de las tinieblas a la luz y al reino de Dios.
Concede, Señor, a Tu Iglesia libertad segura y sin daño; da a todas las naciones la tranquilidad del orden; haz que de un extremo al otro de la tierra resuene una sola voz: Alabado sea el divino Corazón, por el que nos vino la salvación; a él la gloria y el honor por los siglos.
¡Viva Cristo Rey!
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste restaurar todas las cosas en Tu Hijo amado, Rey del universo: concede, en Tu bondad, que todas las familias de los pueblos, dispersas por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo reinado. Que vive y reina Contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
Mañana, otra
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